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Por una calle de tierra viene la legión de los
amordazados.
Todos tienen un solo nombre. Todos una sola
sombra. No pueden hablar. Son una sombra.
A su paso, los árboles se inclinan. Las ventanas
se cierran. Los candados crujen. Las viejas rezan en la cocina. No quiero
salir.
Sólo un murmullo de pasos ciegos los delata. No
están donde parece que están. No existen donde todos los ven. Son muchos:
una legión. ¿Vienen desarmados?.
Se acercan a mi puerta, puedo escuchar un eco de
pasos cercanos, un temblor de platos en el armario. Por la mirilla los
puedo ver. Ahora los rodea un polvillo seco, pastoso que diluye su entorno
entre las casas. Parecen dispersos pero son un solo bloque. Son soldados,
son abejas.
Miro el reloj. Me pongo la campera. Ya es hora de
unirme a ellos.
Salgo. No es que me sienta tan bien por ser parte de
la gran sombra, pero eso es lo que soy.
Y un paso adelante, siempre es un paso adelante.
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