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A la vuelta de mi casa
todas las noches pasa un tipo caminando
A veces se lo ve, a veces no,
siempre de lejos.
Los pibes de la esquina se preguntan
¿Será siempre el mismo?
¿Ése que le gritamos y nunca se da vuelta?
Él sigue, siguiendo el reflejo del asfalto.
Brilla su saco como un león en la arena
¿Adónde va, de dónde viene?
¿Es de por acá?
Don Ramón, un viejo que se sienta en la vereda
con el respaldo de la silla hacia adelante
me dijo saber a qué se dedica:
- a plantar brotes de llovizna en los jardines del
barrio
- a limpiar ventanas rotas con el pañuelo
- a pintar yuyos en los cordones yermos
- a pulir toboganes en la placita
- a cubrir de hojas la vereda
- a dibujar besos en el portón del herrero
- a dejar goles servidos en el potrero, para
mañana a la tarde
- a dejar improntas de ojos de novia en los
umbrales
Le pregunté ¿Y para qué lo hace?
Para hacernos olvidar que anda por acá
y deja muchas huellas
para que nadie se dé cuenta...
...
Una vecina que barría las hojas me dijo
que la otra vez lo vio
con un aerosol blanco
pintando en el paredón de la otra cuadra:
"Estamos todos en el mismo tiempo
en el mismo espacio.
Y no nos conocemos."
¿A usté le parece?
Lo que sí me parece
es que los gorriones comen de su mano.
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