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Novelas > Amor a la madrynense
Noche de verano
Ilustración: José Artiedas- Che, Pedro, qué te parece si esta noche salimos de parranda, detenemos a un par de putas y nos vamos de joda?
Pregunta Alfredo, siempre violento hasta con las palabras. Pedro no estaba para nada con ganas de hacer algo así, menos de valerse de su condición de policía para obtener sexo gratis y mal habido. No entendía cómo estos tipos gozaban con el dolor ajeno o con una mujer traida por la fuerza, aunque a veces le servía para desahogarse un poco aún a riesgo de ser exhonerados si los agarraban de joda con el patrullero. Pero igual los iba a acompañar.
- Bueno, vamos.
Esa noche aparece como a las 11 Alfredo en el patrullero, con él va Néstor, otro milico de los pesados. Pedro sube atrás y salen a recorrer la ciudad. Es viernes y hay bastante movimiento. En la esquina del video hay unas barritas de adolescentes tirados en la vereda, fumando y charlando. El patrullero pasa y los pibes lo miran con cara de bronca, como diciendo “vengan si son machos”. Después de unas cuantas vueltas por los alrededores del centro, divisan a dos chicas caminando como a cien metros de distancia.
- Mirá Alfredo, allá va la brasilera nueva, vamos a levantarla - dice Néstor.
Pedro da un salto en el asiento trasero al ver que se trata de su intocable negra. No atina a frenar a los canas que van derecho adonde están caminando las mujeres y le cruzan violentamente el auto adelante. Violentamente se bajan Alfredo y Néstor y encaran a las mujeres.
- A ver ustedes, documentos y libreta sanitaria.
Las mujeres, sorprendidas, se miran y se les apagan las sonrisas. Cómo puede ser que las pare la cana si Cacho ya los había arreglado.
- no traje documentos - dice la morena con mirada sobradora.
- A nó? Bueno, suban, a ver que tenés en la cartera?.
Alfredo le arrebata el bolsito a la brasilera, entre tirones y forcejeos se lo quita, el otro policía agarra la fuertemente del brazo mientras su compañero le revuelve el bolso. Varios papelitos vuelan desparramados y al hurgar un poco más aparece una foto que tiene varios años pero todavía se la ve bastante nueva.
- Y este negrito quién es?
- Dejá eso, basura!
La negra ve como la foto de su hijito, su tesoro más preciado, es lanzada lejos para caer en un charco de agua. Llora en su desesperación y esto sacude a Pedro, que desde el interior del auto miraba la escena sin decidirse a hacer nada. Cuando ve la cara desencajada de la morena abre con violencia la puerta, que golpea secamente conta un poste de teléfono abollándose un poco.
- Basta, déjenlas tranquila!
- Qué te pasa, sos marica acaso?
Alfredo lo desafía, sorprendido de que su socio tome partido en defensa de las mujeres. El otro milico se asusta de la reacción insólita de Pedro y suelta a la muchacha, que inmediatamente corre a salvar su preciada foto. La cara de Paulinho chorrea agua estancada que se imagina que son lágrimas del niño que la llama desde lejos. Pero ese rostro debe haber cambiado mucho, ya van para 8 años que no lo ve.
De repente Alfredo se le abalanza a Pedro como para golpearlo pero éste da un paso atrás y saca la reglamentaria y lo apunta.
- Andate, váyanse los dos de acá ya mismo!
Esto contiene la arremetida de Alfredo, que se queda frenado y lo mira con ojos de odio, como cuando se prepara para apalear algún hincha en la cancha o a algún borracho que encuentran perdido por ahí en las noches aburridas de rondas rutinarias. Al ver que la pistola lo señala y que está en manos decididas, despacio y sin sacarle la vista se mete en el auto.
- Vamos, Néstor, ya me las va apagar éste.
Néstor obedece sin decir nada, era como el perrito faldero que seguía a su amo sin preguntar adónde. El patrullero arranca, da una acelerada fuertísima al vacío y sale disparado hacia adelante. Enseguida se pierde en la otra esquina.
Samantha sigue agachada juntando sus pertenencias del piso y Lucy está dura contra la pared, con un susto que no se le pasa y que le hace temblar las rodillas enfundadas en sus inseparables medias a rayas.
La negra acomoda sus cosas de nuevo en el bolso, mira hacia el fondo de la calle para verificar que los del patrullero no hayan dado la vuelta, pero está todo quieto.
- Vamos Samy, que van a volver - dice con voz temblorosa Lucy.
- Gracias por ayudarnos - Samantha ahora mira directamente al cabo, pero no aparta la vista enseguida como la primera vez. Pedro tampoco, ahora la ve más de cerca y tiene tiempo y excusa para quedarse mirándola más tiempo, para fijar ese rostro oscuro en su memoria y así tenerla en la cabeza durante todo el tiempo.
- Las acompaño por las dudas que vuelvan - Encontró el motivo justo para estar un rato más cerca de la negra.
Las dos deciden no ir esa noche al cabaret, sabían que iban a tener que inventar algo contundente para evitar que Marisa las castigue por eso, no se faltaba así nomás al trabajo y menos un viernes, día clave en que salen hombres de todas clases y el cabaret se llena de clientes ansiosos. Pero Lucy está muy asustada como para trabajar y mantener la sonrisa complaciente con los clientes, y la negra simplemente no tiene ganas de ir, mejor dicho, no tiene ganas de dejar al cabo.
Caminan los tres bajo la claridad de la luna con paso nervioso y sin decir palabra, las dos mujeres estaban muy sobresaltadas como para hablar y el cabo era bastante parco. Durante el trayecto Pedro pensaba miles de frases para decir, pero no le salía ninguna. Qué charla podía ser interesante para estas mujeres en esos momentos de tensión.
Al fin llegan a la pensión. Lucy sigue muy nerviosa y se mete de inmediato en la pieza. Samantha queda en la puerta a solas con el cabo. Da un paso hacia adentro de la casona y vuelve a mirarlo.

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