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Novelas > Rebelión de uno

Capítulo 18  

 

- Angelina...

 

- ADELMAR X....

 

De pronto, el ulular de la conocida alarma nocturna comenzó a sonar.

 

ADELMAR X. estaba semimutado, con medio cuerpo fundido, tirado en el asiento trasero. Le sobrecogió una de esas sospechas que sólo viven en la cabeza de los moribundos.

 

Creyó escuchar a una niña que cantaba algo como "El otro lado no existe / no hay praderas soleadas / lo único lo único real / es lo que se ve y no lo que se vio". Después, un gran silencio. Había muerto.

 

Angelina, aún con vida, tomó el volante y puso reversa. Con sus últimas fuerzas, el vehículo se desplazó hacia atrás patinando. Giró en redondo y salió disparado de nuevo a la zona de la gente coloreada. Angelina había perdido parte de un brazo, nada más, pero se solucionaría. Lloraba amargamente por ADELMAR X., al mismo tiempo que  estaba feliz porque ella se había salvado. Esta duplicidad de sentimientos encontrados la acompañaba en cada momento de su vida. No podía superarlo. Sabía que no había forma de vencer a esa lucha de sensaciones, había que aprender a convivir con ellas.

 

Llegó a la Avenida Roca y comenzó a sentirse mareada. Enseguida perdió el control y el auto chocó blandamente contra la bolsa de aire de la pared de un edificio. Angelina sufrió un golpe en la cabeza y perdió el conocimiento.

 

- Hola ADELMAR X., ¿Cómo has estado? - Preguntó Angelina a la imagen de ADELMAR X. en una tumba nueva. Ella llevaba un vestido negro de tul, muy escotado.

 

- Bien, mi amor, ¿Y vos? -

 

- Bien, muy bien. Pero me siento un poco triste, ya no podré olvidarte.

 

- Tenés que intentarlo. Tenés que rehacer tu vida.

 

El Cementerio Interactivo estaba repleto ese domingo. Una famosa compañía de músicos de Malasia daba su primer show en la ciudad. ADELMAR X. podía ver, desde su tumba, cómo a unos metros de allí se iba montando el escenario. Por el momento sonaba música grabada, como preámbulo a lo que vendría.

 

- Angelina, no me gusta la música tan nítida. Por favor, andate y apagá el monitor. Si querés, nos vemos el domingo que viene, cuando haya más silencio.

 

- Está bien, mi amor, adiós.

 

Segundos antes de que Angelina apagara el monitor de la tumba interactiva de ADELMAR X., apareció detrás de ella el mendigo azul. Apoyó una de sus manos azules sobre el hombro de Angelina, y miró a ADELMAR X. sin ninguna expresión en su rostro arrugado.

 

- Cxio est kripla. Nun ripoz. (10)

 

Angelina apagó a la máquina de resucitación temporal, y todo, de repente, se oscureció.

 

 

 

FIN

 

 


 

 

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