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- Angelina...
- ADELMAR X....
De pronto, el ulular de la conocida alarma
nocturna comenzó a sonar.
ADELMAR X. estaba semimutado, con medio cuerpo
fundido, tirado en el asiento trasero. Le sobrecogió una de esas sospechas
que sólo viven en la cabeza de los moribundos.
Creyó escuchar a una niña que cantaba algo como
"El otro lado no existe / no hay praderas soleadas / lo único lo único
real / es lo que se ve y no lo que se vio". Después, un gran silencio.
Había muerto.
Angelina, aún con vida, tomó el volante y puso
reversa. Con sus últimas fuerzas, el vehículo se desplazó hacia atrás
patinando. Giró en redondo y salió disparado de nuevo a la zona de la gente
coloreada. Angelina había perdido parte de un brazo, nada más, pero se
solucionaría. Lloraba amargamente por ADELMAR X., al mismo tiempo que estaba feliz porque ella se había
salvado. Esta duplicidad de sentimientos encontrados la acompañaba en cada
momento de su vida. No podía superarlo. Sabía que no había forma de vencer
a esa lucha de sensaciones, había que aprender a convivir con ellas.
Llegó a la Avenida Roca y comenzó a sentirse
mareada. Enseguida perdió el control y el auto chocó blandamente contra la
bolsa de aire de la pared de un edificio. Angelina sufrió un golpe en la
cabeza y perdió el conocimiento.
- Hola ADELMAR X., ¿Cómo has estado? - Preguntó
Angelina a la imagen de ADELMAR X. en una tumba nueva. Ella llevaba un
vestido negro de tul, muy escotado.
- Bien, mi amor, ¿Y vos? -
- Bien, muy bien. Pero me siento un poco triste,
ya no podré olvidarte.
- Tenés que intentarlo. Tenés que rehacer tu vida.
El Cementerio Interactivo estaba repleto ese
domingo. Una famosa compañía de músicos de Malasia daba su primer show en
la ciudad. ADELMAR X. podía ver, desde su tumba, cómo a unos metros de allí
se iba montando el escenario. Por el momento sonaba música grabada, como
preámbulo a lo que vendría.
- Angelina, no me gusta la música tan nítida. Por
favor, andate y apagá el monitor. Si querés, nos vemos el domingo que
viene, cuando haya más silencio.
- Está bien, mi amor, adiós.
Segundos antes de que Angelina apagara el monitor
de la tumba interactiva de ADELMAR X., apareció detrás de ella el mendigo
azul. Apoyó una de sus manos azules sobre el hombro de Angelina, y miró a
ADELMAR X. sin ninguna expresión en su rostro arrugado.
- Cxio est kripla. Nun ripoz. (10)
Angelina apagó a la máquina de resucitación
temporal, y todo, de repente, se oscureció.
FIN
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