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Novelas > Rebelión de uno

Capítulo 13  

 

ADELMAR X. se internó en el cementerio interactivo, ese día estaba particularmente concurrido. Un sinfín de vendedores y artistas callejeros colmaban los caminos peatonales, y casi no se podían ver los campos minados de tumbas blancas.

 

 Se abrió paso entre la gente hasta llegar a la tumba de Bertrand Silas. Activó la pantalla y en segundos pudo ver el rostro de Bertrand en medio de una oscuridad ominosa.

 

 - Bertrand, soy yo, ADELMAR X. Quisiera hablar con usted unos minutos.

 

 - Tengo toda la eternidad para hablar, señor, así que lo escucho. Estas visitas son de las pocas distracciones que me quedan. Para mí son casi diversiones. Además, cuando Angelina (y ahora usted) activa la pantalla, puedo ver al exterior, contemplar este maravilloso mundo que me rodea. Aunque no puedo salir de aquí, es decir, no puedo salir de ningún lado porque no estoy en ningún lado. Ni siquiera puedo decirle si hay vida después de la muerte, porque eso lo sabrá sólo mi espíritu, creo, y mi espíritu no está acá. Está en otra parte, pero no sé dónde.

 

 - Pero usted es algo de ese espíritu, usted es lo que queda de Bertrand Silas en este mundo. Usted es una forma de inmortalizar a Bertrand.

 

 Bertrand sonrió levemente

 

 - No, no es así, lo siento. Usted, así como el resto de la gente, quieren creer que sus muertos queridos todavía permanecen, de alguna manera, con ellos, pero no es así. Yo soy una imagen, un cajón con restos humanos, una voz que razona junto a usted. Es verdad, yo soy Bertrand Silas, pero él no está aquí. La esencia del hombre, vivo o muerto, no está en sí mismo. ¿Acaso no vio nunca a personas enajenadas, con la mente en blanco, mirando un cuadro vacío? ¿Podría usted decir que esa persona está allí parada, efectivamente? El hombre, durante su vida, toca, huele, ve, oye. Y cree estar haciendo todo eso en nombre de la realidad. Sin embargo, cuando se muere, se da cuenta que toda esa realidad no es tal. Pero ya es tarde, ya no puede volver atrás el tiempo. Este es un juego en el que siempre gana el tiempo. Ahora comprendo cuál debería haber sido mi realidad, pero ya no puedo cambiarla. Veo a Angelina, y pienso que ella tendría que cambiarla, pero tampoco se da cuenta y no sabe cómo hacerlo.

 

 - Yo sí me doy cuenta, y sé lo que tengo que hacer. Por eso estoy aquí, hablando con usted.

 

 - Entonces, lo escucho.

 

 - Esta misma noche me encontraré con Angelina. Debe usted saber que yo la amo, y creo que aún ella se puede recuperar y ser alguien feliz, es decir, alguien con sentimientos no inducidos. Lo que pienso hacer es convencerla para que nos vayamos hoy mismo de la ciudad. Sé que en el campo la vida es distinta, pero nadie quiere saber eso, y el estado ayuda a que se ignore. Pero a mi las bombas anímicas no me afectan, las babosas y las ratas no me causan repulsión, los hombres de colores luminosos tampoco me son desagradables, por el contrario, de alguna manera los admiro. No tengo en mi espíritu ese sentimiento que llaman "cuestión de piel". Por eso creo estoy siendo víctima de ataques telefónicos, donde una mujer me llama a su lado, como para generar en mi algún estado de enamoramiento que me impida realizar mis verdaderos sueños. Esa voz es muy sensual y tiene un perfume como de flores de campo, esa mujer debe ser realmente muy hermosa. Al principio tuve miedo, lo reconozco, de caer en su hechizo. Pero ahora me siento fuerte, me siento seguro. Voy a dejar todo, la ciudad, mi trabajo, la seguridad económica, y me voy a llevar a Angelina. Ella aún puede recuperarse.

 

 - Es loable su carácter, ADELMAR X. Y le entiendo perfectamente, no se olvide que estoy muerto y a mí tampoco me hacen efecto las bombas de ánimo. Yo ya no tengo sentimientos. No tengo celos, por ejemplo, de que se lleve a Angelina. Lo único que lamentaré, es que en el futuro deberé prescindir de sus visitas. ¿Y cómo va a hacer para escapar?

 

- Tengo un plan muy simple. El estado no tiene protegidas las calles de salida de la ciudad, ya que nadie nunca quiere ni intenta irse. Alquilaré un automóvil esta noche, recogeré a Angelina y tomaré la vieja Avenida Roca, hacia el sur. Siguiendo por esta avenida unos 45 kilómetros, se llega a un desvío muy poco transitado, una zona habitada por gente de colores vivos. Tomando por ese desvío, a los pocos kilómetros se encuentra un nido gigantesco de babosas. Este lugar no es visitado por seres humanos ya que el riesgo es demasiado grande. Sin embargo, yo conozco el espíritu de las babosas. Ellas no atacan sin motivo. Tampoco atacan de manera individual y en cualquier momento. Además, tampoco atacan a personas sin uniforme, y tanto Angelina como yo iremos sin uniforme. Atravesando el nido de babosas, estaremos en el campo. La libertad ya será nuestra.

 

Después seguiremos hacia el norte, donde el clima es más benigno para la vida salvaje. No sé, quizá encuentre Utopía, o Trapalanda. Quizá encontremos la felicidad.

 

 - Es un poco peligroso su plan, aunque nadie va a detenerlo. Creo que le va a costar mucho trabajo convencer a Angelina.

 

 - Ella aún piensa en usted, y eso no es cuestionable. Pero por eso estoy aquí. Yo no puedo convencerla solo, usted debe ayudarme. Eso es lo que le estoy pidiendo, Bertrand.

 

 - ¿Yo? ¿Y cómo voy a hacerlo? Si usted conoce lo obcecada que es Angelina.

 

 - Usted... tiene que dejar que yo lo desconecte, Bertrand, tiene que mostrase tal como es, es decir, nada. Tiene que borrar esa imagen de la memoria de Angelina. Hágalo por ella. Sería su más importante obra póstuma. Quizá algún Dios lo va a premiar por eso en el futuro.

 


 

 

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