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Novelas > Rebelión de uno

Capítulo 10 

 

ADELMAR X. entró al departamento de Angelina y la encontró allí con la vecina amante de las plantas, en medio de una muy entretenida charla.

 

- ¡ADELMAR X.! - Dijo la vecina - ¡Qué sorpresa que nos encontremos aquí!.

 

- Pasá ADELMAR X. - dijo Angelina, visiblemente de mucho mejor semblante que la noche anterior - Ocurre que cuando salía de tu casa, me encontré con esta amable señora, tu vecina, y como estábamos de buen ánimo y sin nada que hacer de momento, la invité a tomar un café sintético a mi departamento. Ella me ha hablado muy bien de vos, se ve que te aprecia mucho. ¿Querés un café?

 

- Bueno, gracias.

 

- Mirá - Angelina sacó un portarretratos - aquí estamos Bertrand y yo, de vacaciones en Malasia -

 

- ¡Malasia! - exclamó la vecina - Qué lugar tan especial, recuerdo haber estado allí en mi juventud. Era todo tan... tan... frondoso. Frondoso y pacífico. Las plantas rodeaban toda presencia humana. Es un espectáculo difícil de describir sin verlo. Y no había otros animales hostiles más que el hombre mismo. He pasado allí momentos inolvidables. ¿Estuviste en Malasia, ADELMAR X.?

 

- Sí, varias veces. No recuerdo algún año en que no haya viajado hasta allí. Pero qué coincidencia, ya que todos estuvimos en ese lugar, y ahora estamos todos acá, finalmente pareciera ser que la posición geográfica es totalmente casual para nosotros.

 

La mañana transcurría mientras las tres personas reunidas en Arual 647, segundo A, bebían café y charlaban animadamente. A nadie se le pasaba por la mente el verdadero infierno que era todo lo que le estaba pasando a ADELMAR X.. El drama no tenía que ver ni con la invasión de ratas y babosas, ni con el ataque sistemático del gobierno a la población civil con bombas que controlaban el estado de ánimo de la gente, ni con otras situaciones extrañas e inéditas que se iban desarrollando y acrecentando poco a poco, de manera imperceptible.

 

El abuso de las bombas anímicas había modificado el comportamiento de la población. Ya era evidente que la psiquis colectiva era otra muy distinta comparada con la de años anteriores, ahora no se hablaba ni se actuaba de forma individual, sino que las personas habían adquirido una conciencia de grupo que antes no existía. Algunos investigadores atribuían este cambio al ejemplo de las ratas y las babosas, que eran prácticamente una unidad, pero otros estaban convencidos que eso era consecuencia exclusiva del uso excesivo de las bombas anímicas. El gobierno lanzaba todos los domingos por la mañana bombas de felicidad que estallaban a mil metros de altura y dispersaban partículas de ácido anímico activado en un radio de 150 kilómetros. Estas partículas, inhaladas por la gente, les causaban un eufórico estado de alegría. No era una droga, sino una sustancia que actuaba directamente en las centrales nerviosas del cerebro sin dejar secuelas en el organismo. No eran adictivas ni provocaban daños colaterales. Luego, casi todos los martes eran disparadas bombas de angustia. Esto causaba una fuerte depresión, que muchas veces, en casos extremos, desembocaba en suicidios, pero cuando esto parecía estar fuera de control en un área determinada de la ciudad, el efecto de las bombas de angustia era contrarrestado con explosivos personales de autoestima. Los viernes, por ejemplo, acostumbraban lanzar bombas de ansiedad y al día siguiente modificaban la conducta de la gente con bombas de melancolía y de nostalgia.

 

La antigua ciencia denominada psicoanálisis era considerada sacrílega y tabú y estaba prohibida su práctica por parte de la población común. Pero esta técnica, que desde sus comienzos había sido rechazada y repudiada por el poder, al punto de tratar de brujos diabólicos a los que la practicaban, había sido la piedra fundamental de la organización social actual. En sus comienzos, los psicoanalistas eran perseguidos y ejecutados de inmediato en donde se los encontrara, ante la mínima prueba (en muchos casos no la había) de que ejercían o intentaban ejercer dicha profesión. Estos hombres y mujeres, que sin saberlo iban a ser los precursores del actual control poblacional y del equilibrio del poder global, originalmente se ocultaban en sótanos o sitios apartados donde llevar adelante su hechicería. Tiempo después, el estudio de la mente humana comenzó a dar sus frutos, a demostrar su potencial, hasta convertirse en un asunto de estado.

 

Se desarrollaron las primeras sustancias sintetizadas que producían efectos tales como el miedo, la angustia, la alegría y el buen ánimo. Actualmente hasta se creía que ya existían sustancias que provocaba profundos complejos de Edipo y narcisismo en las personas, pero aún no habían sido probada con humanos, aunque sí con animales, con los que se habían logrado efectos satisfactorios.

 

Las primeras pruebas de uso de sustancias de impacto anímico se habían hecho con ratas, babosas y plantas. Se eligieron a estas especies ya que por una parte mostraban una alta resistencia y buena adaptación a nuevos entornos (eran muy similares al ser humano en este aspecto) y una rápida asimilación y respuesta a una nueva sustancia en el organismo. Los resultados iniciales fueron más que alentadores; las ratas fueron sometidas a ataques intensivos de angustia y paranoia, produciendo en ellas un efecto llamativo: los individuos sometidos al experimento, al principio no hacían más que esconderse o acurrucarse en un rincón oscuro, habían perdido las ganas de liberarse de su encierro y hasta parecían sentirse confortables cuanto más encerradas estuvieran. Sus rostros evidenciaban una fuerte labor mental para generar más y más sufrimiento en sí mismas. Sin embargo, al poco tiempo se comenzó a percibir una especie de fortaleza anímica en las ratas de prueba. Comenzaron a mostrarse más agresivas y decididas, parecían esgrimir la idea de "peor que ahora no puedo estar, así que nada me importa". Sus cuerpos comenzaron a modificarse, al igual que las babosas, creciendo en tamaño y en habilidades. Finalmente, habían desarrollado una fuerte inmunidad hacia la angustia y, por otro lado una gran seguridad en sí mismas. Esto se debió aparentemente al excesivo sometimiento al que habían sido expuestas. A las babosas, evidentemente mucho menos expresivas, se las atacó con bombas primitivas de ansiedad. Esto las hizo mucho más activas y arriesgadas, de su natural pasividad pasaron a un estado de ánimo agresivo, eufórico. Disminuyó su expectativa de vida; si embargo, crecieron en tamaño y en movilidad, y hasta desarrollaron una especie de lenguaje telepático para comunicarse entre sí.

 

En las plantas, por otro lado, se aplicaron bombas anímicas de felicidad y alegría. Las plantas, de naturaleza estática, poco a poco fueron ganando una autoestima tal que las llevó a desarrollar habilidades hasta el momento insospechadas. Por ejemplo, pudieron modificar su metabolismo, pasando de la simpleza de la fotosíntesis (que no obstante seguían necesitando) a digestiones más complejas. Ellas mismas se plantearon más necesidades, tanto físicas como intelectuales, y su crecimiento demandó nuevos conocimientos y desarrollos físicos y psíquicos. Así lograron efectos motrices que las colocaron en un mundo prácticamente nuevo para sus poca desarrollada psiquis. Aprendieron a caminar, a relacionarse entre sí y con los seres humanos, y a recibir y cumplir órdenes básicas.

 


 

 

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