|
Por la tarde, ADELMAR X. se quedó esperando,
sentado en un sillón frente a la ventana, que apareciera por la vereda la
mujer de negro. Y así fue, en poco tiempo, la vio pasar caminando desde la
calle Zar, completamente vestida de negro. ADELMAR X. salió y comenzó a
seguirla a distancia. Luego de unas cuantas cuadras, tal como era
previsible, la mujer entró al cementerio interactivo, anunciado con un gran
cartel luminoso en el portal de acceso. Se internó unos cuantos metros
atravesando tumbas blancas rodeadas de un pasto recién cortado y
perfectamente delineado. Se detuvo frente a la tumba de alguien llamado
Bertrand Silas. Se ubicó de rodillas frente a la tumba y accionó el botón
cuadrado de activación de la máquina de resucitación temporal. La tumba se
coloreó de un gris eléctrico y giró unos 30 grados hacia la derecha. Hubo
algunos sonidos propios de una interferencia externa pero pronto se
normalizó y apareció en la pantalla el rostro de Bertrand.
- Hola Angelina, ¿cómo has estado?
- Bien, bastante bien. Aunque las cosas no son
como antes, cuando estabas vos. Pero trato de sobrellevar esta vida.
- Pero no estés triste, amada mía, piensa que eres
joven y muy bella. Me gustaría verte sin ese vestido oscuro, es decir, con
ropas más alegres. Creo que deberías intentar rehacer tu vida.
- Sabés que no puedo, que no puedo olvidarte.
Quisiera no hablarte ni verte nunca más. Quisiera que estuvieras vivo, así
podría divorciarme de vos e irme bien lejos. Pero ya ves, ahora soy viuda,
y las viudas ya no podemos divorciarnos, nunca más. Estamos atadas para
siempre a un pasado que no podemos modificar.
- Calla, Angelina, me haces sentir mal. Ahora me
siento culpable de tus amarguras...
- No, no te sientas así. Vos no tenés la culpa de
nada. Es que me resulta difícil llevar esta vida a cuestas. Yo no quise
matarte, ¿sabés?.
- Lo sé, lo sé. Pero ese día había mucha
confusión. El ataque de las ratas había sido devastador. Y bueno, tú te
asustaste mucho con la presencia de una en el living de la casa y
ciegamente disparaste con el desintegrador.
- Sí pero te di a ti, mi amor, que no tenías nada
que ver con el asunto. Tú habías entrado para defenderme.
ADELMAR X. se había acercado lo suficiente como
para escuchar toda la charla y ver la cara de Bertrand. Se lo notaba
ojeroso, avejentado. Pero, no obstante, su semblante era el de un muerto
compasivo y estoico.
- Dime, amor, ¿quién es ese hombre que se asoma
entre aquellos arbustos? ¿Lo conoces?
- ¿Quién?
Angelina giró de inmediato, no sin miedo, y pudo
observar al desconocido.
- ¿Quién es usted y qué hace escuchando nuestra
conversación?
- Perdone, me presento, mi nombre es ADELMAR X.. A
decir verdad, hace varios días que la veo pasar por el frente de mi casa, y
hoy me decidí a seguirla. Usted me atrae, lo siento. - Miró hacia la tumba
- Lo siento, Bertrand.
- Oh, por mi no se preocupe, aunque le diría que
más lo siento yo, acostado aquí, sin vida, y sin poder salir a mirar el
jardín, a menos que Angelina oprima el botón de la pantalla.
- Pero, ¿No se da cuenta de que soy una viuda que
viene a llorar a su esposo? Tenga un poco más de respeto, por favor.
- Yo la respeto profundamente, y también a su
ex-esposo.
- ¡El no es mi ex! Todavía lo quiero... y todo lo
que se quiere no es "ex".
- Está bien, en ese caso no la molesto más. Adiós.
ADELMAR X. saludó con una breve inclinación de
cabeza a Bertrand y se retiró. Aprovechó el momento para ir a visitar y
charlar con su tío, muerto 15 años atrás, que hacía ya mucho tiempo que no
veía. Angelina también se puso de pie.
- Bueno, amor, estoy un poco cansada, y preocupada
por este incidente. Te pido disculpas, pero debo irme ya. Te veo el domingo
que viene.
- Adiós querida, y trata de no pensar.
Angelina apagó el monitor y salió del cementerio
caminando suavemente. Sus piernas delicadas y cubiertas con unas medias de
nylon negro rompían la monotonía de tantas tumbas blancas. Unas babosas
gigantes, agazapadas en secreto tras unos arbustos, la miraban atentamente.
|