Regresar a la página inicial.Los cuentos de NacherLa Poesía de NacherLas NovelasDiscografía - MP3 - DownloadsLista de correo - SuscripcionesBiografía - CV - FotosPida desde aquí los productos de Nacher.Contacto - E-mail - Correo

 

Novelas > Rebelión de uno

Capítulo 2  

 

ADELMAR X. colgó con tranquilidad, al menos ahora tenía la dirección donde debía ir. La televisión seguía emitiendo su quejido electrostático. Los fogonazos blancos se reflejaban contra la oscuridad de la pared opuesta, en penumbras. Tomó el control remoto e inició un zapping frenético. Se detuvo de pronto en la propaganda de un aparato hidráulico para adelgazar. Mientras una joven muy bella y un muchacho con los músculos del abdomen excesivamente marcados hacían gimnasia, una voz en off decía "aproveche el momento de la lluvia de autoestima para modelar su silueta".

 

ADELMAR X. fue hasta la cocina, el ruido en el interior de la alacena había disminuido. Ahora era apenas un golpeteo esporádico, algo así como una ventana que, sometida a la agitación por el viento, choca azarosamente contra el marco.

 

Entonces, como le ocurría cada vez con más frecuencia, la mente le brindó una pequeña distorsión de la realidad, algo así como una ensoñación: las cosas comenzaron a licuarse, a derretirse, y ADELMAR X. Tuvo un recuerdo difuso: una prostituta que conoció en su naciente adolescencia. Aquella mujer cuyo rostro no podía focalizar pero sí imaginar, un rostro redondo y oscuro, con sus ojos brillando en la oscuridad de la habitación, su espalda encorvada y su mirada ausente, iba acercándose a él con un recipiente de agua en sus manos... Le vino a la memoria esa imagen como una ráfaga, y de la misma manera se esfumó entre la espiral de colores ocres que dominaba su visión.

 

El llamado de alguien a su puerta lo devolvió a la realidad. Se quedó en silencio por un momento, fingiendo que no había nadie. Alguien volvió a golpear la puerta, lo hacía en tresillos sobre un ritmo de 4X4 algo lento. ADELMAR X. estaba esperando esa presencia, sabía que iba a ocurrir. Miró el reloj de la pared de la cocina: las 12 en punto. Aplastó su cuerpo contra la heladera y se quedó paralizado, casi sin respirar. Con los oídos agudizados, escuchó detrás de la puerta unos pasos que se alejaban. Entonces se tranquilizó, el sujeto se había ido. Estaba seguro de que se trataba de una rata, que acostumbraban atacar a la población haciéndose pasar por personas. Se puso la campera amarilla y salió a la calle, no sin antes mirar a derecha e izquierda con el fin de verificar que no había peligro alguno.

 

Caminó unos pasos hacia la avenida Gales. Una vecina, en plena noche, estaba regando las plantas del frente.

 

- Hola vecino, ¿se va de paseo?

 

- Sí, pero no en realidad. Voy a encontrarme con alguien, y ya se me está haciendo un poco tarde.

 

- Bueno, en ese caso, no lo molesto. Lo único que le pido es que, mientras esté usted aquí, parado frente a mi casa, se coloque un poco más hacia la derecha, así no obstruye el acceso del agua a las plantas más lejanas. Y no quiero molestar a mis pequeñas para que se acerquen, a esta hora las pobres están durmiendo y no quisiera despertarlas. Ya sé que no es asunto mío, pero no puedo dejar de mostrar curiosidad acerca de ese alguien a quien usted hace referencia. No tiene nada que ver con un interés personal, no crea que a mi me interesan demasiado sus cosas, y dicho esto en el buen sentido, pero sí me parece un poco extraño que usted sea citado a esta hora, cuando la noche es casi madrugada y cuando ya la lluvia de ansiedad no tiene prácticamente efecto. Claro, usted se preguntará y entonces qué hago yo, a esta hora, regando las plantas. Bueno, exactamente eso: riego las plantas. No hay horario para un acto de amor.

 

- Eso mismo digo yo, no hay horarios, no hay tiempo. Todo es una repetición de lo mismo, hasta el infinito. Pero es difícil de entender lo que digo, hasta para mí mismo.

 

- Es cierto, cuando uno es reflexivo y se comporta como tal, es muy difícil que pueda entenderse a sí mismo. Los psicólogos llenaron libros durante años con esto, pero ni en los días previos a su eliminación pudieron ponerse de acuerdo, ni siquiera en el siguiente punto: ¿es la mirada introspectiva un acto narcisista?. Yo creo que algo tiene de eso. Aquel que se esconde de los otros y se justifica en el hecho, conocido solamente por él, de que nadie puede entenderlo, ya que nadie está a la altura de su inteligencia, o de su vuelo intelectual, no es más que un narcisista lamentable. Estas personas creen que, aparte de él, los otros genios ya están muertos o bien sólo existen en lugares muy lejanos, en países recónditos de los que nos llega una información manipulada. Pero jamás van a aceptar que esas personas son tan estúpidas como cualquiera de nosotros, o como él mismo. Ahora discúlpeme, lo molesto una vez más, quisiera regar los gladiolos. Pero no sé para qué le hablo de esto, es sábado a la noche y usted seguramente desea encontrarse con alguien, y yo le hago perder el tiempo justo aquí, en la penumbra de mi jardín.

 

- No se preocupe, todavía es temprano para mí, se trata de un encuentro prácticamente atemporal. Debo ir a Arual 647, segundo A, tengo que encontrarme con alguien, pero, a decir verdad, no recuerdo de quién se trata. Sé que es una mujer, al menos por la voz. Hablé por teléfono con ella hace apenas un rato.

 

- Esa mujer es una caja de sorpresas. ¿Habló con usted sin presentarse?. Pero... ¿se suponía que usted hubiera debido conocerla por el sonido de su voz o por su olor? Seguramente se trata de alguien muy conocido por usted. Lo que sí puedo asegurar es que ella a usted lo conoce. Pero vaya, hombre, no pierda más tiempo, corra a su encuentro ya mismo. Arual queda a doce cuadras de aquí. ¡Apúrese!

 

- Está bien. Adiós.

 


 

 

Subir


Copyright © 1998|2005 - Carlos Alberto Nacher
Todos los derechos reservados. No se permite la reproducción total o parcial de este sitio
ni su tratamiento o transmisión por cualquier medio o método sin autorización escrita del autor.
Diseño: Dukal - Hosting: Madryn.Com


Home | Cuentos | Poemas | Novelas | Música | La Barda | El autor | Ventas | E-mail