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Es temprano aún. Apenas comienza a despuntar el
alba. La bruma de la mañana provoca serios inconvenientes al tránsito de la
Avenida Roca. El fin de semana largo trajo a muchos turistas en micro, y
ninguno respeta la prohibición de estacionar en doble fila. Pero no les
importa, si nadie les va a decir nada. Parece como si todo el mundo tuviera
una necesidad inexplicable de estacionar en doble fila, o en triple en
algunos casos extremos. Todo esto dificulta el paso de Rocinante, que para
mejor está un poco lento todavía, aún tiene los huesos entumecidos de tanto
estar quieto.
El Indio también tiene dificultades para llegar al
lugar de encuentro, la playa Éxito, sobre Mitre, ya que se le complica
demasiado el cruzado de calle. Hay mucho tránsito y mucha doble fila.
Pasan innumerables vehículos de antiquísima data,
pasan Ramblers, pasan Farlaines, Dodges Coronados, todos sin la más mínima
verificación técnica cumplida, todos sin luces, pasan y pasan y nada los
detiene. Pasan y chocan, pero no importa, porque no tienen seguro, no
tienen registro, entonces son inimputables.
Pasan cuatriciclistas sin casco. Pasan
motocicletas de reparto esquivando autos a 80 km/hora. Pasan todos por la
derecha, pasan todos por la derecha. Aprovechando un corte de semáforo, un
imponente automóvil importado dobla en “U” en plena Roca y se para en doble
fila en la puerta de un hotel. Vienen otros autos por esta mano, que deben
frenar y esperar un claro del tránsito para esquivar al doblefilópata. No
importa, que se jodan todos.
Ya sé, no me digás, tenés razón... Algún agente de
tránsito toca el pito, pero a nadie le importa un topi.
El Indio, no acostumbrado a este escenario,
sorprendido piensa... “Qué lindo... Qué perfección... Está todo
sincronizado...”
Después de un tremendo esfuerzo y una gran cuota
de suerte, ambos llegan a playa Éxito. Allí los espera su propietario,
Duillo, quien antes de comenzar el combate les ofrece su incomparable té de
jamaica.
Varios monumentos, enterados del duelo, están
presenciando los eventos, no sin un leve temblor, un castañeteo de piedras.
- Preparaos a morir, salvaje. Ahora veréis, ahora
sentiréis el calor de mi daga en tus entrañas.
- Mire, no le entiendo nada. ¡Te vía achurar,
canejo!
Ambos, en procura de un amor, se enfrentan en una
lucha sin cuartel. El Zorzal ya no sonríe, menos que menos San Martín. El
Libertador, acostumbrado a estas lides caballerescas, mira consternado cómo
comienzan a volar los primeros cascotes que se desprenden de los guerreros.
Una certera estocada del Quijote da en uno de los brazos del Indio. La
granza derramada, tibia, salpica a los observadores.
El padre Francisco reza apasionadamente. No puede
comprender ni entender la razón de la violencia.
El Indio devuelve el golpe y le aplica una Doble
Nelson invertida al Quijote, quien pierde la lanza en alguna parte. Luego,
lo gira hacia la derecha con una patada voladora e intenta rematarlo con la
quebradora de Benito Durante y luego el letal cortito de Karadagián, pero
no puede.
La lucha continúa, es pareja. Ambos son hábiles en
el arte de la guerra.
Afuera, abren los negocios del centro ¡Cómo
aumentó todo! Decí que estamos en una época de inflación cero, que si no...
¿En Trelew también está todo así de caro? Los transeúntes van y vienen por
las pulcras veredas de la Mitre y de la 28 de Julio.
Mientras, en la Playa Éxito se está desarrollando
una tragedia. Cada vez con más furia, cada vez con menos perdón, los
rivales luchan, piedra sobre piedra.
De repente, irrumpe en la escena una mujer, seria
y decidida.
- ¡Basta! ¡Termínenla de pelearse entre ustedes!
Todos exclaman a coro:
- ¡Es la señora Galesa!!!!
- ¡Parecen enanitos de jardín! ¡Parece que en vez
de estatuas grandes fueran esos querubines que hacen pis en las fuentes!
¡Por favor! ¡Ustedes peleándose por pavadas mientras yo, yo sí que tengo
problemas serios! Snif...
La Galesa se pone a llorar, derrama amargas
lágrimas. Por suerte ningún ser humano la vio llorando, nadie pudo reclamar
esto como un milagro. Menos mal, imagínense lo que sería la Playa, la Roca,
¡el Barrio Sur! lleno de gente pobre yendo en procesión a la Galesa que
llora. ¡Que horror! ¡Mon Dieu! Si se llega a llenar el Barrio Sur de pobres
en procesión, vamos a tener que cercarlo todo y hacer un barrio privado,
con guardias de traje, celular y lentes negros...
Mientras, la Galesa se sigue lamentando...
- ¡Yo sí que tengo problemas! ¡Buaaaa!
¿Qué le pasa a la Galesa? ¿Por qué llora? ¿Quién
podrá defenderla? ¿Habrán podido salir los autos atascados detrás del micro
de larga distancia parado en doble fila en plena Roca a las 8 de la mañana?
No se pierda el próximo capítulo de
"Corazones de piedra", el próximo martes, por este mismo diario,
en esta misma hoja.
Un pedido especial: Durante la contienda ha habido
mucho derramamiento de granza y de arena gruesa. A través de este medio le
solicito a mi amigo, el señor locutor, actor, chef y timonel, Don José
María Chiaramonte, si puede pasar por la radio los siguientes avisos:
Para el Indio y el Quijote: se solicitan dadores
de bronce grupo Cero factor RH Negativo o, en su defecto, unos baldes de
cemento premezclado (con un poco de ceresita). Presentarse en ayunas.
Para el autor: Para darle continuidad a esta
historia, se necesitan dadores de lemoncello, bayley o caña Ombú de
cualquier grupo o factor. O sino que el locutor le convide un trago de ese
whisky importado que le regalaron los otros días, que lo tiene encanutado.
Y saludos a Valentino.
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