Regresar a la página inicial.Los cuentos de NacherLa Poesía de NacherLas NovelasDiscografía - MP3 - DownloadsLista de correo - SuscripcionesBiografía - CV - FotosPida desde aquí los productos de Nacher.Contacto - E-mail - Correo

 

Novelas > Corazones de piedra

Capítulo 12: El duelo 

 

Es temprano aún. Apenas comienza a despuntar el alba. La bruma de la mañana provoca serios inconvenientes al tránsito de la Avenida Roca. El fin de semana largo trajo a muchos turistas en micro, y ninguno respeta la prohibición de estacionar en doble fila. Pero no les importa, si nadie les va a decir nada. Parece como si todo el mundo tuviera una necesidad inexplicable de estacionar en doble fila, o en triple en algunos casos extremos. Todo esto dificulta el paso de Rocinante, que para mejor está un poco lento todavía, aún tiene los huesos entumecidos de tanto estar quieto.

El Indio también tiene dificultades para llegar al lugar de encuentro, la playa Éxito, sobre Mitre, ya que se le complica demasiado el cruzado de calle. Hay mucho tránsito y mucha doble fila.

Pasan innumerables vehículos de antiquísima data, pasan Ramblers, pasan Farlaines, Dodges Coronados, todos sin la más mínima verificación técnica cumplida, todos sin luces, pasan y pasan y nada los detiene. Pasan y chocan, pero no importa, porque no tienen seguro, no tienen registro, entonces son inimputables.

Pasan cuatriciclistas sin casco. Pasan motocicletas de reparto esquivando autos a 80 km/hora. Pasan todos por la derecha, pasan todos por la derecha. Aprovechando un corte de semáforo, un imponente automóvil importado dobla en “U” en plena Roca y se para en doble fila en la puerta de un hotel. Vienen otros autos por esta mano, que deben frenar y esperar un claro del tránsito para esquivar al doblefilópata. No importa, que se jodan todos.

Ya sé, no me digás, tenés razón... Algún agente de tránsito toca el pito, pero a nadie le importa un topi.

El Indio, no acostumbrado a este escenario, sorprendido piensa... “Qué lindo... Qué perfección... Está todo sincronizado...”

Después de un tremendo esfuerzo y una gran cuota de suerte, ambos llegan a playa Éxito. Allí los espera su propietario, Duillo, quien antes de comenzar el combate les ofrece su incomparable té de jamaica.

Varios monumentos, enterados del duelo, están presenciando los eventos, no sin un leve temblor, un castañeteo de piedras.

- Preparaos a morir, salvaje. Ahora veréis, ahora sentiréis el calor de mi daga en tus entrañas.

- Mire, no le entiendo nada. ¡Te vía achurar, canejo!

Ambos, en procura de un amor, se enfrentan en una lucha sin cuartel. El Zorzal ya no sonríe, menos que menos San Martín. El Libertador, acostumbrado a estas lides caballerescas, mira consternado cómo comienzan a volar los primeros cascotes que se desprenden de los guerreros. Una certera estocada del Quijote da en uno de los brazos del Indio. La granza derramada, tibia, salpica a los observadores.

El padre Francisco reza apasionadamente. No puede comprender ni entender la razón de la violencia.

El Indio devuelve el golpe y le aplica una Doble Nelson invertida al Quijote, quien pierde la lanza en alguna parte. Luego, lo gira hacia la derecha con una patada voladora e intenta rematarlo con la quebradora de Benito Durante y luego el letal cortito de Karadagián, pero no puede.

La lucha continúa, es pareja. Ambos son hábiles en el arte de la guerra.

Afuera, abren los negocios del centro ¡Cómo aumentó todo! Decí que estamos en una época de inflación cero, que si no... ¿En Trelew también está todo así de caro? Los transeúntes van y vienen por las pulcras veredas de la Mitre y de la 28 de Julio.

Mientras, en la Playa Éxito se está desarrollando una tragedia. Cada vez con más furia, cada vez con menos perdón, los rivales luchan, piedra sobre piedra.

De repente, irrumpe en la escena una mujer, seria y decidida.

- ¡Basta! ¡Termínenla de pelearse entre ustedes!

Todos exclaman a coro:

- ¡Es la señora Galesa!!!!

- ¡Parecen enanitos de jardín! ¡Parece que en vez de estatuas grandes fueran esos querubines que hacen pis en las fuentes! ¡Por favor! ¡Ustedes peleándose por pavadas mientras yo, yo sí que tengo problemas serios! Snif...

La Galesa se pone a llorar, derrama amargas lágrimas. Por suerte ningún ser humano la vio llorando, nadie pudo reclamar esto como un milagro. Menos mal, imagínense lo que sería la Playa, la Roca, ¡el Barrio Sur! lleno de gente pobre yendo en procesión a la Galesa que llora. ¡Que horror! ¡Mon Dieu! Si se llega a llenar el Barrio Sur de pobres en procesión, vamos a tener que cercarlo todo y hacer un barrio privado, con guardias de traje, celular y lentes negros...

Mientras, la Galesa se sigue lamentando...

- ¡Yo sí que tengo problemas! ¡Buaaaa!

 

¿Qué le pasa a la Galesa? ¿Por qué llora? ¿Quién podrá defenderla? ¿Habrán podido salir los autos atascados detrás del micro de larga distancia parado en doble fila en plena Roca a las 8 de la mañana?

No se pierda el próximo capítulo de "Corazones de piedra", el próximo martes, por este mismo diario, en esta misma hoja.

 

Un pedido especial: Durante la contienda ha habido mucho derramamiento de granza y de arena gruesa. A través de este medio le solicito a mi amigo, el señor locutor, actor, chef y timonel, Don José María Chiaramonte, si puede pasar por la radio los siguientes avisos:

Para el Indio y el Quijote: se solicitan dadores de bronce grupo Cero factor RH Negativo o, en su defecto, unos baldes de cemento premezclado (con un poco de ceresita). Presentarse en ayunas.

Para el autor: Para darle continuidad a esta historia, se necesitan dadores de lemoncello, bayley o caña Ombú de cualquier grupo o factor. O sino que el locutor le convide un trago de ese whisky importado que le regalaron los otros días, que lo tiene encanutado.

Y saludos a Valentino.

 


 

 

Subir


Copyright © 1998|2005 - Carlos Alberto Nacher
Todos los derechos reservados. No se permite la reproducción total o parcial de este sitio
ni su tratamiento o transmisión por cualquier medio o método sin autorización escrita del autor.
Diseño: Dukal - Hosting: Madryn.Com


Home | Cuentos | Poemas | Novelas | Música | La Barda | El autor | Ventas | E-mail