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Novelas > Corazones de piedra

Capítulo 10: La gran revelación 

 

¡Hostia! ¡Que me ha corrido el Indio! Pero no, esto no va a quedar así, de ninguna manera. Y estos perros que tengo, están flacos los pobrecillos. Ya no ladran, Sancho, señal que están mudos. Los voy a llevar a la guardería esa que está cerca de El Casco. Si son unos angelitos, se portan bien, no molestan para nada, ni se mueven. Y de paso, voy y le peleo al molino de viento que está allí, entre los tamariscos. Pero antes deberé sortear estos lomos de burro, que cada día crecen más. Y varios pozos de las calles. ¡Cuántos peligros insospechados hay en esta ciudad!

A veces pienso que los lomos de burro cobran vida y me están acechando para atacarme. ¡Joder con esos cojonudos lomos!

A ver tú, Sancho, basta ya de comer y vamos, que os llevaré de una vez por todas a la nutricionista, que te ponga una dieta. Ya me tenéis harto con tus emanaciones, te la pasas tirándote gases y yo que no me puedo tapar la nariz. Parece el olor de las algas cuando hace mucho calor. Y luego, pasaremos por La Botica Natural, la de la mamá de Phzavecka, a ver si te consigues algún alimento dietético.

Pero mirad al indiecito, con sus aires de valiente. El salvaje creerá acaso que le tengo miedo. ¡Ja, ja ,ja! Yo me he bañado en charcos peores, y siempre he salido airoso. Hombre, lo mío ha sido una retirada estratégica. Ahora estoy recobrando las fuerzas, pero ya veréis. Esa doncella de la Roca será mía, sólo mía. Ahora mismo me emperifollo, me hago un arenado, una buena blanqueada de cal y voy a su encuentro. Y si no les gusta, escúlpanme a Dulcinea.

¡Pero qué es ese animal que saca la cola en el mar! No sabia que en Puerto Madryn tuvieseis sardinitas, pero es una cola muy grande para ser de sardina!!!!

 

Mientras tanto, frente al Torremar...

¡Hola abuelo! ¡Hola abuela! ¿Cómo se despertaron hoy?

Qué simpáticos los abuelos que están acá cerquita. ¿Serán del Centro de Jubilados? Y, seguro. Cómo trabajan los del Centro de Jubilados, y cómo se divierten.

En mis tiempos no había centro de jubilados. Tampoco había jubilados, ni jubilación. Entonces, nadie se quejaba por la jubilación, si no existía. Qué fácil que se arreglaban antes las cosas.

¡Pero cómo trabajan los del Centro de Jubilados!

El otro día lo vi pasar al Presidente, el Pelado Rodríguez. Me quería asociar, parece que están buscando nuevos socios. Yo le dije que por supuesto, y de paso que le mande mis saludos a Leonor, a Irene, a Carlitos y a todos los del centro... Y que me inviten a los bailes, aunque reconozco que estoy un poco dura para bailar últimamente...

¡Qué lindo día de sol! ¡Cuantos veraneantes!

¡Y allá está el coronel Piedra Buena, con sus amigos, los muchachos de la barra!

 

Cerca del Muelle...

- ¡Miren muchachos! ¡Ahí vienen dos turistas haciendo topless! ¡Mire, capitán, mire que pares de salvavidas que tienen!

- ¡Son dos boyas son!

- ¡Y a mi justo me agarra sin manos!

- ¡Shhh! Por favor, más respeto muchachos, que está escuchando la señora Galesa. Qué se va a pensar de nosotros, que somos unos bustos degenerados.

- ¡Mi coronel! ¡No diga busto que me excito!

- ¡Callesé capitán! Buenos días, señora Galesa, qué lindo día ¿No?

- Buenos días coronel. Parece que están muy entretenidos con las turistas.

- Mire señora, con todo respeto. Lo que pasa es que estas muchachas andan con todo al aire, todas despechugadas, y nosotros somos gente grande, no somos enanitos de jardín como los que tiene el gordo Casero en la ventana de la casa. ¿Me entiende?

- Está bien, está bien. Los tiempos cambian, pero ustedes son unos viejos verdes.

- No señora, somos blancos, estamos recién pintados. ¡Ah! Ayer a la noche la andaba buscando el Indio.

- ¿El Indio? ¿Y que quería de mi si se puede saber?

- No... Esteeee... nada.

- Se le quería tirar un lance.

- ¡Callesé capitán! ¡Lo que has hecho es crimen de guerra! ¡Has delatado a uno de los tuyos!

- ¿Un lance? ¿Cómo un lance? ¿Está seguro?

- Bueno... Usted es una mujer hermosa, rodeada de veredas limpias, de pasto, de edificios imponentes. Usted es muy bella...

- ¿Un lance conmigo? Me toma de sorpresa... Hace tanto que no me festejan que... Me toma de sorpresa. Hay, necesito unos retoques. ¡Municipales, a mi! ¡Restáurenme! ¡Salí gaviota, salí! ¡Andá a hacer caca a otra parte! ¡Y no picotees a las ballenas!

 

La amarilla playa se va poblando de anaranjada gente, y el celeste horizonte, otrora negro por el gris ocultamiento del dorado sol, alora se ve azulino brillante. Angora, las promotoras de tiempo compartido van ocupando sus puestos de combate. Todo parece normal en este Golfo San José... eeee... perdón, perdón. ¿Cómo era que se llamaba? Bueno bueno, en la próxima entrega develaremos el nombre de este golfo.

 

¿De quién será el amor de la Galesa? ¿Adelgazará Sancho? ¿Se irán las ballenas porque las picotean las gaviotas? ¿Porqué están tan gordas las gaviotas? ¿Eh? ¿Porqué, porqué, porqué?

No se pierda el próximo capítulo de "Corazones de piedra", el próximo martes, por este mismo diario, en esta misma hoja.

 


 

 

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