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Novelas > Corazones de piedra

Capítulo 7: Transición 

 

Don Quijote escapa del Indio, montado en su fiel Rocinante y con un terrible dolor de glúteos debido a la falta de estado.

- Me voy, pero volveré y seré millones. No perdón, tengo una confusión... eso no lo dijo Cervantes.

- Ya nos volveremos a ver, viejo atorrante. Mejor, no salgas de tus rejas por un tiempo. ¡Y cuidado con la tapa de inspección que hay por allá en el medio de la calle, que si la agarrás se te va a partir el caballo al medio! ¡Saludos al burro, que es el único como la gente allá!

Menos mal que pude interceptarlo antes de que fuera a versear a la Galesa. Al menos, si no es mía, tampoco será de él.

Bueno, listo, ya está. Me vuelvo a mi pedestal en Punta Cuevas, que esta corrida en la arena, después de tantos años quieto, me cansó un poco. Ya no estoy para estos trotes.

¿Y si mejor aprovecho que está linda la noche y me doy una vuelta a visitar al Libertador, allá en la plaza? Hace tanto que no lo veo...

Me parece que le voy a pedir algunos consejos. Después de todo, es el más sabio, es el más viejo, está en Madryn desde 1914. Las cosas que habrá visto, si tendrá anécdotas para contar. Debe tener más anécdotas que Don Hugo Albaini, el de "Puerto Madryn tiene su historia y yo te la voy a contar", ¿lo leyeron? El hombre tiene una memoria de elefante.

Qué lindo salir a pasear un rato por la Avenida Roca. Lástima el nombre que le pusieron a la avenida. Pero no se animaron a hacerle una estatua a Roca. Ahí sí que me iban a hacer enojar. Lo tengo montado en una boleadora a Roca.

Pero qué lindas casas que hicieron por acá, qué bien decoradas están. Cómo han cambiado las tolderías.

Mirá que hermoso quedó el paredón ese, todo pintado con aerosol... ¿Qué dice? "Aguanten las chicas del revistero... " Qué romántico...

Y todos los carteles que pusieron... parece que hace poco actuó el Negro Rada... y ahora están haciendo Tangata, con Ñáñez y Petrucci. ¿En dónde? ¡En el Cine Teatro Auditorium! ¿Qué será eso? ¿Una toldería nueva?

Mirá, parece que estaban dando una película de un Indio. Patoruzito se llama. No hay caso, cómo vendemos los indios, qué cosa de locos. La verdad que me gustaría entrar a verla, pero no tengo un mango. Tendría que ir hasta la LU17. ¿Estará José María a esta hora? Así le digo si me puede regalar una entrada.

Pero no, a Patoruzito no la dan más. ¿A ver qué están dando ahora? Peligrosa Obsesión… ¿Qué es eso? ¿Pero cómo, “Las Colegialas se Confiesan” no la dan más? ¿Y las películas de la Coca Sarli tampoco? ¡No puede ser! ¡Cómo no dan esos clásicos de la Coca, “Fiebre”, “Carne”, “Intimidades de una cualquiera”! ¡Qué bajo que ha caído el cine en estos años! ¡Por favor Petrucci, dejate de embromar con pavadas y poné las películas de la Coca Sarli de una buena vez!

Claro, ahora cualquiera sale mostrando las tetas por el cine y por la tele, pero en la época de la Coca, ella era la única que lo hacía. Era una transgresora ¡Y la censuraban! Y era una piba de barrio, no como las modelos y las vedettes de ahora, todas fashion, todas fifí, todas finas. ¡Nada que ver! La Coca Sarli era Miss Argentina pero no se la creía, ella se levantaba a la mañana, le daba de comer a las gallinas, sacaba agua del aljibe y te cebaba unos amargos en la catrera, con tortas fritas con chicharrón. La Coca era la morocha Argentina. Y qué pechos, y qué pechos, y qué pechos…

El Indio se tilda pensando en la grandiosa Isabel Sarli. Mientras repite sin cesar esas tres palabras, camina y se va acercando a la terminal.

Y qué pechos, y qué pechos… ¿Y todos esos micros de pasajeros allá? ¡No me digas que hicieron la terminal nueva!

¡Por fin! Porque la otra estaba quedando chica y desactualizada. ¿Y Felcho adónde se habrá ido a dormir ahora? Por suerte no la tiraron abajo, sino que la hicieron monumento histórico. Me parece bárbaro, porque un pueblo que no recuerda su pasado es un pueblo que olvida el porvenir. No sé si era así la frase pero suena lindo.

¿Y ese busto que está frente a la terminal vieja? ¡Es el General Güemes! Allá, en la plazoleta, sí, sí, allá, entre Yrigoyen y San Martín. ¡Hola don Martín Miguel! Pero mire cómo lo dejaron... Le tiraron un baldazo de pintura en la cabeza... Pero esto es una vergüenza.

- ¡Disculpemé! ¿Pero qué le pasó? ¿Le tiraron un balde de pintura?

- No, si me vuá estar haciendo los claritos. ¿No ve que me mancharon toda la cabeza? Parece que hay gente (si se le puede llamar así) que se abusa de la aparente quietud de nosotros, y aprovechan para hacerse los graciosos destruyendo el patrimonio cultural de la ciudad, que es propiedad de todos.

- ¡Pero esto además es una falta de respeto!

- Sí, pero eso no importa, soy un busto como cualquier otro y me la aguanto. Nada más.

- Usted sí que tiene la humildad de los grandes. Bueno, lo dejo, me voy a ver al

Libertador. Otro día vengo a charlar con más tiempo.

- Adiós Indio, y mándele un abrazo de mi parte a Don José. Y ya que está, si puede, avísele a la Municipalidad, que por favor vengan a limpiarme.

 

Cuánto hace que no andaba por acá, ¿qué dice ahí?... Famularo... ¿Le cambiaron el nombre al Teatro Español? Parece mentira cómo pasa el tiempo. ¡Ah! Allá está la plaza, ahí lo veo al General. ¡Hola General! ¡Don José! ¿Lo molesto un momento?

 

¿Qué le dirá Don José al Indio? ¿Volverá a las andadas el Quijote? ¿Quién limpiará a Güemes? ¿Seguirán pintando las paredes con aerosol? ¿Se evitará el aerosol con ladrillo visto o con tomado de juntas? ¿No nos da un poco de vergüenza manchar con pintura y destruir los monumentos? ¿Para cuándo la estatua de la Coca Sarli?

No se pierda el próximo capítulo de "Corazones de piedra", el próximo martes, por este mismo diario, en esta misma hoja.

 


 

 

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