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¡Que me cuelguen! Ya son las 12, ya es medianoche
y no camina un alma por la zona. Qué buen momento para ir a facerle una
visita de cortesía a la bella dama de la calle Roca. Esa mujer sí que es un
monumento. Por suerte, pude conseguir las llaves de la reja que me priva de
mi libertad. ¡Preparaos, Rocinante! ¡Cabalgaremos como en los viejos
tiempos! Tú no Sancho, quedaos aquí, no me estorbéis que no estoy para
chanzas.
- Pero señor, tengo hambre y no me ha dejao ni una
miserable hogaza de pan.
- Pues entonces haz dieta. Mañana te llevaré a
Virtual, en la calle España (¡qué lindo nombre le han puesto a esa calle!),
a ver a la nutricionista. Tanto tiempo hace que estáis quieto, que te has
puesto gordo como un tonel de aguardiente.
¡Un momento! ¡Qué coño es eso! Parecen unos
chavales que se acercan a mi morada. Parecen alegres, a juzgar por sus
gritos y risotadas. No te muevas Rocinante, estémonos quietos por un
momento, disimulemos. No es momento para gilipolladas.
Un grupo de muchachos se encuentran junto al
Quijote.
- Qué hacé, vieja, ¿Tenés birra?
- Hola fiera, ¿Todo bien?
¡Cáspita! No les entiendo nada. ¿En qué idioma
hablarán estos tíos? ¿Estarán hablando de mi? No creo, ni siquiera me están
prestando atención. Me toman como si yo fuera una estatua. Seguramente se
están pasando algún mensaje cifrado, es una especie de código. Cómo extraño
al viejo Semanario Golfo Nuevo, ellos sí que escribían el verdadero
castellano. Ahora se ha tergiversao, si se levantara Cervantes de la tumba
y los escuchara, se vuelve a morir.
- ¿Vamo a clavarno una birra al lado del Quijote?
¿O estás hasta las manos?
- Mató mil loco. Tirame las agujas.
Parece que el último que habló es un poco mayor.
Utiliza los códigos anticuados.
¡O no! Se me están acercando. Mejor los ignoro.
Los voy a matar con la indiferencia. Esperaré a que se vayan. ¡Retiraos, id
a beber sus licores a otros lares, que tengo cosas importantes que hacer!
...
Bueno, por fin parece que se van. Ahora sí
Rocinante, a pleno galope, vamos por la playa, de paso disfrutamos del
paisaje que nos obsequia esta noche estrellada que cae plácida sobre el
Golfo Nuevo. ¡Esperad!, Deteneos en el cajero automático, necesito
efectivo... ¡Y cuidado con los lomos de burro, que más que lomos de burro
son lomos de mamut!
Mientras, en la cueva del Indio...
¡No te digo! Allá va el Quijote. Qué guacho. Si
pudiera despegarme del pedestal, seguro que lo alcanzo en Yoaquina. Y ahí
sí que lo reviento. Ya nos veremos las caras, frente a frente.
Ya me hizo hervir la sangre.
¡Ayudame, Pachamama, ayudame Patoruzú, viejo y
querido cacique!. ¡Oh! Me puedo mover... ¡Es un milagro! ¡Gracias San
Francisco! Ahura va a ver el sotreta éste del Quijote. A ver, ¿Tengo todo?
El arco, las flechas (menos mal que me prestaron unas puntas los del Museo
Pujol), las boleadoras, el celular, la laptop... Sí, está todo. Allá voy,
Quijote atorrante... ¡a la carga! ¡Aonikenk! ¡A matar huinca!
- ¿Ma que cosa fai? ¿Ma, qué é questo alboroto?
¿Me puede decire osté perqué se bacó del pedestale? ¿Dónde vai, si se puede
sabere?
- Tranquilo, padre Francisco, no pasa nada.
- ¿Ma come que no pasa niente? Me parece que osté
se va a metere en problema. Problema de muquere.
- No, no, es que tengo que hacer unos trámites y
vuelvo. No se preocupe. Está todo bien. Déme la bendición, padre, y me voy.
- Io te bendigo, mío figlio. Ma tené cuidado,
bambini. Andá abrigado que está frescolari. Oco con lo ladri.
- Adiós, y gracias padre.
El Indio sale a toda velocidad al encuentro del
Quijote. A pesar de los años, su raza está acostumbrada a la carrera, y
puede avanzar más rápido que Rocinante, que está algo entumecido. Tal como
lo calculaba, se encuentran justo en la puerta de Yoaquina.
¡Rayos! ¡Pero si es el Indio! ¿Cómo sabíais que
iba a salir? ¡Ah! ¡Ya sé! Fue ese cantor argentino que me ha delatao. Ese
tal Gardés que vive en la Yrigoyen. Ya me decían en España que no se puede
confiar en los argentinos, que sois todos unos ventajeros y unos
fanfarrones.
- Momentito, momentito. No te tirés con nosotros
que yo todavía no conté ni un cuento de gallegos. Y no te tirés con el
Zorzal que es lo más grande que hay. ¿Se puede saber adónde iba tan
apurado?
- Pues que no es de tu incumbencia, chaval.
- ¿A no? Ahura vas a ver. ¡Ponete en guardia!
- ¡Vamos Rocinante! ¡Escapemos! ¡A toda marcha!
¡Hierro a fondo! ¡Apura el paso, aunque me paspe las asentaderas con el
roce de esta armadura de la hostia!
- ¡Vení para acá, no arrugués! ¡No huyas cobarde!
- ¡Alé, alé Rocinante!
¿Será el fin de Don Quijote? ¿O se saldrá con la
suya? ¿Logrará escapar de la furia del Indio? ¿Seguirán haciendo fatídicos
lomos de burro en las calles de Madryn?
No se pierda el próximo capítulo de
"Corazones de piedra", el próximo martes, por este mismo diario,
en esta misma hoja.
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