|
Ahí está de nuevo Don Quijote. Hace días que me
viene esquivando. Me saca la vista, se hace el desentendido, mira para otro
lado. Pero yo sé lo que está pasando. Resulta que parece que el gallego le
está arrastrando el ala a la Galesa. ¡Ahijuna, sotreta!.
Me lo contó el otro día el Zorzal, que me lo
encontré en la plaza charlando con el Libertador. Qué hombre serio el
Libertador... Ese sí que es todo un caballero.
Hay Carlitos, vos que cantaste tantos desengaños,
vos que sabés tanto de amores, porqué no estarás ahora al lado mío, para
darme tus consejos, que tanto necesito. Pero no, te pusieron en la
Yrigoyen, bien lejos de mi.
Ya lo voy a agarrar al Quijote. Ni te digo dónde
le voy a meter la lanza cuando lo agarre si sigue haciéndose el galán con
la muchacha.
Para mejor, justo cuando más lo precisaba, estoy
desarmado.
No encuentro ni una miserable punta de flecha por
ninguna parte. Este Korchenewsky se las llevó todas al museo de Bennetton,
y a mi no me dejó ninguna.
Qué le voy a hacer, picaderos eran los de antes.
Ahora, para encontrar una punta de flecha hay que caminar leguas, o sino
comprarlas, pero están caras.
Pero ya lo voy a agarrar, ya va a ver. La verdad
es que yo soy pacifista, pero con la piba que no se meta. Que no me busque
porque me va a encontrar. Qué se cree, que me va a venir a soplar la dama a
mi, justo a mi, que conozco a los galeses desde el primer día que llegaron
allá por mil ochocientos.. eeee... bueno, hace un montón.
Pero yo me voy a adelantar, me le voy a declarar a
la Galesa. Está bien que yo sea un poco tímido, un poco callado, pero esta
vez me animo. No me va a ganar de mano el chivita éste, por más noble
caballero que sea.
Esta noche misma le declaro mi amor a la Galesa.
Así nomás. Qué tal Pascual.
Miralo vos al gaita éste, haciéndose el piola.
Claro, como Dulcinea no le da bolilla, como no le da ni la hora, ahora
quiere carnear ajeno.
Pero yo soy un indio bravo, de pocas pulgas. Decí
que estoy lejos, que si no, le partía las boleadoras en el marote.
Y que venga Sancho Panza después a decirme algo,
que para él también hay.
Noooo, si hay que andar con pies de plomo con esta
gente. No hay nada que hacer, Don Quijote será todo lo honorable que
quieras, muy justiciero, muy honrado, pero en el fondo sigue siendo un
conquistador, como sus pares.
¿No habrán algunas puntas de flecha en el Cenpat?
O alguna vasija aunque sea, para partírsela en el casco al Quijote éste.
¿Está Casamiquela allá o ya no trabaja más?
Casamiquela... Ese hombre sí que me entiende. Si me
habrá estudiado, si me habrá investigado, si habrá llenado libros enteros
con mi historia y la de mi estirpe.
Por fin uno que sabe en serio de indios. Sabe
tanto como yo, que lo mamé de chiquito, que me crié en las tolderías. Pero
él lo escribe mejor.
La verdad, no me animo a hablarle a la Galesa. No
sé, tengo miedo de que me rechace, hace tantos años que estamos cerca y
nunca pasó nada. Siempre se quedó así, quietita, indiferente. Nunca un
gesto de condescendencia, nunca una mirada cómplice.
¡Ah, no! Ahí viene el Cachafaz, el perro de los
Pérez Strómboli, seguro que me viene a mear el pedestal. Qué perro
atorrante... ¡Bruno! ¡Di Benedetto! ¿No podrás hacer que lo tengan atado al
perro? Y de paso que le den algo de morfar, que está puro hueso el pobre bicho.
Menos mal que ahí viene un auto, a ver si lo
espanta. ¿A ver quién es? ¡Es Chiaramonte! ¡José María! ¡José María! Vení,
dale, firmame un autógrafo. Dale, que te escucho todas las mañanas en LU17.
¿Cómo anda Mercado? ¿Y el profesor Cabulín? ¿Lo trajiste? Decile que le
jugué al 22, a ver si me trae suerte... a ver si salgo de pobre... ¿Y San
Pedro? Dale José María, haceme a San Pedro un poquito... ¡Haceme a Basile!
Cuánta gente que está viniendo hoy. Y claro, con
esta tardecita soleada, todo el mundo sale a tomar mate a la playa, y de
paso dan la vuelta al Indio. ¿Para qué? Para verme a mi, por supuesto, qué
duda cabe.
Ahí está el Quijote, otra vez mirando para el
norte, para la Roca. No te digo yo, que si no me apuro, éste se me
adelanta, y eso que él no es un adelantado, como Simón de Alcazaba y
Sotomayor. Menos mal que en la época que vino Simón todavía no estaban los
galeses, que sino, seguro que también se me adelantaba.
¡Uy! Ahí está llegando gente al Museo de Punta
Cuevas. ¡Ahí vienen! ¡Estos sí que sabe de galeses! ¡Muchachos, muchachos!
¡Vengan por favor, háganme pata con la Galesa! ¡Muchachoooos!
¿Qué hará el Indio? ¿Le hablará a la Galesa? ¿O
arrugará? ¿Terminará todo en tragedia? ¿Volverá José María al Teatro? ¿Y
Petru, cómo anda que hace mucho que no lo veo?
No se pierda el próximo capítulo de “Corazones de
piedra (La gran novela de amor madrynense)” el próximo martes, por este
mismo diario, en esta misma hoja.
|