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Novelas > Corazones de piedra

Capítulo 4: Reflexiones del Indio  

 

Ya me avivé de lo que tengo que hacer con el visor. A la noche, cuando nadie se da cuenta, lo saco y me junto las monedas. Me estoy llenando de plata. Ya me compré un arco y flechas nuevas, una pinturita son. Y ahora le voy a comprar una sombrilla a la Galesa, así quedo bien. De noche guardo el visor debajo del pedestal, y por la mañana lo pongo de nuevo.

Pobre la Galesa, no sé porqué la pusieron de espaldas al mar... Así nunca va a ver las ballenas. Tanto le deben contar de las ballenas, que qué lindas que son las ballenas, que qué grandes que son las ballenas, y ella nunca las va a poder ver. Las únicas ballenas que ve son esos muñequitos de peluche que les venden en los negocios de artículos regionales a los turistas, que dicen "Puerto Madryn una masa" o "Puerto Madryn te quiero" o algo así, bien original.

¿Qué tengo en el taparrabo que me molesta? ¡Ah! Ya sé, son unos doblones de oro que le cambié aquella vez a Simón de Alcazaba por unas piedritas de colores allá por el 1535.

¿Servirán todavía? ¿Habrá cambiado la moneda en estos años? No creo. Qué va a cambiar si este siempre fue un país fuerte, serio, confiable, condenado al éxito. Qué va a haber devaluación acá.

El que siempre fue un seco es Don Quijote. Y bueno, el pobre todavía no encontró un curro para hacer plata, y para mejor lo tiene a cargo a Sancho Panza, que morfa todo el día, como pollo de criadero. Encima ahora parece que lo agarró el corralito... Por lo menos, ahora le pusieron un bruto lomo de burro cerca. Con los autos que se van a hacer bolsa cuando lo agarren, puede poner tranquilamente un taller de tren delantero que le va a ir bárbaro, a ver si sale de pobre y cambia ese matungo viejo que tiene.

Y hablando de españoles, ¿dónde estará Simón de Alcazaba que no lo veo? Qué raro que no le pusieron ninguna estatua.

Eso sí, en cuanto le hagan la estatua, le organizo un malón que lo sacamos del forro de la armadura.

Pobre, en el fondo me da lástima. Venirse hasta acá en aquellos tiempos, dejar su tierra natal para venir a conquistar, hacer un viaje de meses, sufriendo penurias. Se pensaba que había oro. ¡Oro! ¡Já! Qué va a haber oro por acá. Lo único que hay es aluminio y gracias.

El que también está desaparecido es el busto del Teniente Lasala, que estaba por allá, cerca del muelle Piedra buena, junto con los otros muchachos, el Capitán Bouchard, el Coronel Espora, el Coronel Rosales y el Teniente Coronel Piedra Buena.

Esos sí que la pasan bien. Están todos juntos, se hacen compañía, charlan. Están cerca del muelle, de los barcos. Están en su hábitat. En cambio a mi, me dejaron solo.

¿Dónde estará el Capitán Lasala? ¿Le habrán dado de baja o estará de franco?.

Y el Zorzal... el bronce que sonríe... Mi querido Zorzal, qué lejos que te pusieron, allá por la Yrigoyen. Podrían haberlo puesto cerca mío, así me cantaba unos buenos tangos. Hubiéramos sido grandes amigos, y las historias que tendríamos para contarnos.

La otra estatua que quedó hermosa es esta que hicieron acá cerca, pasando la curva mía, ¿cómo se llama? el Rayentray me parece. Porque... es una estatua... ¿O estoy equivocado? ¿No la hicieron de adorno? Pero qué grande que es, ¿Será una escultura surrealista? ¿La habrá hecho Marta Minujín?

Bueno, qué se yo, problema de ellos.

Allá está Yoaquina, ahora que tengo plata, en cualquier momento me aparezco a desayunar, que ahora está a 4 mangos con 50 el desayuno.

O a Na Praia, o a La Barra. Con este fresquete está lindo para tomarse un buen café con leche con medialunas saladas.

Pero no, mejor no, si me ven caminando así, con poca ropa, se me van a asustar los turistas y después no vienen a usar el visor. Y uno no es un caradura, uno no tiene la cara de piedra.

Qué casualidad, ahí vienen unos turistas. Estoy podrido de que me saquen fotos, se creerán que estoy de adorno. ¡Cortenlá che, con las fotos, que estoy en paños menores! En cualquier momento empiezo a cobrar las fotos también, qué tanto, si lo hacen en Bariloche con los San Bernardo, lo hacen las estatuas vivientes, ¿porqué no cobrar yo, que soy el símbolo del primer poblador de la Patagonia?

Bueno, pero por lo menos parece que los turistas van a usar el visor... Shhhh callate, callate, no hagás ruido que parece que hay pique...

 

¿Terminarán el Rayentray de una buena vez? ¿Harán algún día la estatua de Alcazaba? ¿Y la de Juan de la Piedra?

Ojo, que en la próxima comienza la trama.

No se pierda el próximo capítulo de “Corazones de piedra (La gran novela de amor madrynense)” el próximo martes, por este mismo diario, en esta misma hoja.

 


 

 

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