|
Otra vez me afanaron el arco y la flecha! ¡No te
digo! Uno no se puede descuidar ni un segundo acá. Te distraés un momento y
te dejan en pelotas, y a mi para eso mucho no me falta. ¡Qué barbaridad! Ya
no puedo ni dormir tranquilo, no me dejan en paz ni para dormir. Y encima
tengo que dormir parado.
¿Y eso? Miráaaa... viene otro crucero cargado de
extranjeros con plata. Qué buena oportunidad para venderles cosas de cuero
carísimas. Lástima que a mi de cuero no me quedó nada, ni el taparrabo, ni
la vincha. Además, hasta acá no llegan, van directo al shopping y listo.
Pero qué pedazo de barco, pensar que antes los
galeses viajaban en unas cáscaras de nuez, y ahora mirá, parecen ciudades.
Cómo cambió el mundo, qué bárbaro.
¡Juira perro, juira! Hay que tenerlos cortitos a
estos bichos, se creen que soy un árbol.
Ahí viene un contingente de turistas, claro, este
es un punto panorámico, por eso me tienen a mi mirando todo el día.
Allá a lo lejos la veo a la Galesa. Pobre... parece
triste, ¿Qué le pasará? A ver... le voy a hacer unas señas a ver si se da
vuelta y me mira...
Y claro, uno a veces, en esta situación, se pone
un poco tristón. Las cosas no son como antes.
Y yo ya estoy bastante cansado, siempre igual,
siempre lo mismo. Qué querés que te diga, estoy podrido, tengo las
boleadoras de piedra ya, de estar acá.
Pero bueno, hay cosas peores. Si no, mirá a la
Galesa, la pusieron mirando para la meseta, lo aburrida que debe estar.
Pensar que antes, por acá, por el Barrio Sur, yo
me la pasaba descalzo, persiguiendo guanacos y ahora mirá, todo asfaltado,
lleno de casas lindas, con agua corriente, gas... ¿les habrán puesto las
cloacas ya? Bueno, eso es lo de menos, mirá las comodidades que tienen
ahora.
Yo siempre veo a todo el mundo pasar en auto, ya
me los conozco a todos. No hay nadie en Puerto Madryn que de vez en cuando
no salga a dar la vuelta al Indio, que soy yo. Y ni hablar de los domingos,
todo el mundo sale a dar la vuelta del perro.
Y bueno, modestia aparte, uno tiene su encanto, su
glamour, qué le voy a hacer. Uno nació así, lindo, escultural, y la gente
se engancha.
Eso sí, de noche me da un poco de envidia, te
confieso. Porque vienen esas parejas en auto, se estacionan en la rambla
frente al mar, apagan las luces y charlan, platican. No sé, pero me parece
que últimamente están fabricando mal las suspensiones de los autos, porque
veo que al ratito nomás empiezan a moverse para arriba y para abajo, para
arriba y para abajo. Después se van, lo más panchos. Está bien, está bien,
yo no me quejo, me parece bárbaro, está bien que se amen, que se quieran.
Pero por favor, porqué no se van a otro lado, donde yo no los vea. Con toda
la Patagonia que hay. Con todo este campo salvaje que Dios nos regaló,
tienen que venir a estacionarse justo acá. Al fin y al cabo uno no es de
mármol. Uno también tiene su corazoncito, sus necesidades de hombre, y
después de casi cuarenta años acá parado, solo como estatua de patio, mejor
ni te cuento.
La otra vez vino Giordano con las modelos, a
desfilar al lado mío. ¡Qué lindas chicas! Mientras desfilaban por la
pasarela yo pensaba para mis adentros "no tener 130 años menos y estar
un poco más ágil..."
Mirá, hay humo, parece que están haciendo un
asadito en el camping. Se pone bueno el camping, muchas carpas, mucha
guitarreada, mucha gente joven. Y qué lindo olor a asado, deben estar
cocinando un buen lomo a la parrilla o un vacío de ternera, con
chimichurri... Qué rico... Pensar que yo antes, si cazaba una mara estaba
contento... y comíamos ocho.
Y acá atrás está el Ecocentro. Me dijeron que
quedó lindo, claro que yo no lo puedo ver, no hace falta que les explique
porqué. Si me doy vuelta me caigo redondo. Y ahora van a hacer la dársena
deportiva... pero tampoco la voy a poder ver porque también va a estar acá
atrás. No importa, yo sigo mirando al muelle y a los cruceros. aunque... me
podrían dar vuelta de vez en cuando, ¿no? como para cambiar la rutina.
Y ahora me pusieron un visor acá abajo. ¿Para qué
quiero un visor? si me la paso todo el día mirando desde hace cuarenta
años. ¿Porqué no me ponen un equipo de audio mejor?
Y no me dejan tranquilo, no hay caso. Allá lo
tengo a Don Quijote que me quiere vender espejitos de colores. Estos
europeos no pierden la costumbre ni en 500 años. Pero ¡nooo! de vuelta no
me engancha.
Y San Francisco de Paola, que me quiere convertir.
Y bueno, cada cual es cada cual. Hay que respetar
y aceptar la variedad. Hay que vivir y dejar vivir.
Lo bueno es que desde acá arriba siempre veo a las
ballenas. ¡Qué espectáculo! ¡Único en el mundo! Y de noche, cuando todo
está en penumbras, Puerto Madryn se ve como una fiesta de luces, como miles
de luciérnagas bailando una danza de colores... Bueno basta, ya me estoy
poniendo medio poeta, medio blando de tanto estar acá parado.
Mejor, sigo mirando, que para eso estoy.
Porque soy el centinela del Golfo, soy el símbolo
de una raza que habitó y dominó estas tierras mucho antes que cualquier
otro. Por eso, voy a seguir acá parado, estoicamente.
¿Qué hará el Indio con el visor? ¿Volverá Giordano?
¿Pasa algo entre él y la Galesa?
No se pierda el próximo capítulo de “Corazones de
piedra (La gran novela de amor madrynense)” el próximo martes, por este
mismo diario, en esta misma hoja.
|