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Mirá, mirá, ahí está de nuevo esa gaviota, ya es
la tercera vez en el día que me hace caca encima. Pero digo yo, con toda la
playa que hay, con todo el mar, ¿tiene que venir a hacer sus necesidades
justo arriba mío?
Y encima estoy acá, siempre mirando para el mismo
lado, para la Roca. ¿No me querrán dar vuelta un tiempito aunque sea?, así
por lo menos miro el mar, la arena, la belleza de la naturaleza en estado
puro, y de paso, paso el rato mirando a los turistas, a los churreros, a
esos muchachos que andan jugando a la pelota por la playa. Ahora sí que hay
para ver, todo el mundo anda en tanguita, no como antes que venían a la
playa de traje y corbata, parecía que en vez de ir a la playa iban a un
casamiento.
Pero bueno, qué le vamos a hacer, vamos a seguir
mirando para la Roca. Mirá, mirá, parece que el doctor se casó de nuevo,
mirá vos...
No te digo yo, ahí viene de nuevo la gaviota ésta.
A mi tendrían que haberme hecho un paraguas, ¿qué les costaba?
¿Y aquella pelirroja? pero si ayer la vi paseando
en otro auto. Cómo estamos hoy, ¿Eh?
Y claro, tanto estar parada acá, en verano y en
invierno, a una se le pegan las canciones de moda. Me la paso escuchando
cumbia villera desde la playa y desde los autos. Todo el día Ch-Ch-Ch,
Ch-Ch-Ch, me tienen harta.
Qué querés que te diga, te la regalo estar acá. En
invierno hace un frío... y el chiflete que te corre por las piernas. Menos
mal que a mi no hay forma de que se me vuele la pollera, que sino, mamita
querida.
Pero igual, hace frío. Dura de frío estoy. Eso sí,
¡en verano hace un calor! aunque acá arriba siempre un poco de vientito
corre.
Menos mal que asfaltaron las calles, antes se me
llenaba la cara de polvo, y me hacía arder los ojos mirá, y el cutis, ay,
reseco me quedaba. Y eso que me daba con cremas humectantes pero no, me
faltaba hidratación, ¿viste?. Y claro, cuando me pusieron acá, allá por
1965, sólo la Roca y las calles del centro tenían asfalto. Después
asfaltaron todo, pero los polvos siguen acá, atrás mío. Y bueno, hay que
poblar la Patagonia dicen.
¡Fuera bicho! Otra vez esa gaviota asquerosa. pero
¿Qué tiene conmigo?
Las cosas que hay que ver en estos tiempos, mirá
mirá, ahí pasa de nuevo el doctor. ¿Oia? ¿Y quién es la rubia que va al
lado? Me parece que la mujer no es...
Decí que no puedo hablar, porque sino, con las
cosas que veo por acá tengo para escribir un libro o dos.
Y cómo me pica la espalda, hace como 20 días que
tengo una picazón bárbara y claro, no me puedo rascar.
Esto de ser estatua es todo un sacrificio, no como
esos que se pintan de blanco o de dorado, se paran duros en la plaza y se
hacen las estatuas. Podrán imitarnos, pero igualarnos jamás. ¡Y encima les
dan plata!. ¿Y a mi?, ¿nunca un centavo, que hace casi cuarenta años que estoy
acá, firme, sin feriados ni vacaciones, dura como rulo de estatua?
Y además de todo esto, me tengo que aguantar a los
actos de los políticos, que de vez en cuando vienen acá a dar los
discursos. Y ni se acuerdan de una, claro. Nombran a todos, a los concejales,
a los diputados, a los profesores, a las señoras y a los señores. Pero
siempre se olvidan de una, es como si yo no estuviera, ¡Justo yo!, que los
conozco desde chiquitos. Pero nunca escuché a un político que se diera
vuelta y antes del discurso me mirara y me dijera "Señora
Galesa". Y bueno, alguna vez lo podrían hacer, ¿no? ¿qué se piensan?
¿que una es de piedra?
Al que no lo veo hace tiempo es al Indio. Es que
después de tantos años la vista me falla un poco. Pobre, los fríos que debe
estar pasando allá arriba en invierno, siempre desnudo y con las boleadoras
al aire...
Otra vez me viene a ensuciar la gaviota esta de
porquería. ¡Juira, juira! ¡Camine a cucha!
¿Y al Quijote? ¿Qué le habrá pasado? ¿Lo metieron
preso?. Lo pusieron entre rejas al pobre. Yo no sé, pero algo habrá hecho.
No quiero ser mal pensada, pero algo debía de andar traficando Sancho Panza
en el burro.
En cambio a mi, presa no me van a poder poner,
porque estoy bien alta. Pero ¡por favor!, dejen de escribirme el pedestal,
que el Pocho y la Gladys, que dale Bo, que dale Ri, que traviesa llamá al
.... Paren la mano che, más respeto, qué se creen que soy ¿un pizarrón?
Menos mal que ahora me pintaron todo de blanco el pedestal.
Me parece que se me está corriendo un poco el
rodete, a ver, ¿está bien firme el peinado?
Qué lindo que quedó el shopping, si hasta da gusto
mirarlo. Y todos los edificios altos que hay, los Torremar, los Gancybel.
Menos mal que los hicieron, así me salvo un poco del viento.
Pero cómo ha cambiado Puerto Madryn. Antes, lo que
ahora es la Avenida Gales era una duna, mirá, pura duna era. Cuando vinimos
nosotros no había nada. Ni agua había. Todo arena era. Ahora tenés
televisión por cable, telefonía celular, Internet, podés navegar, podés
chatear. Antes, minga, ni una carta mandabas. Mandabas una carta a Gales
avisando que había nacido el nene y llegaba cuando el nene estaba por hacer
la colimba, más o menos.
En cambio ahora todo es rápido, los autos rápidos,
la comida rápida, todo rápido.
Pero te digo algo, alguna satisfacción te da esto
de ser estatua: soy la envidia de las mujeres de Madryn. Mirá, pasan los
años y mirá, ni una arruga tengo. A mi no me agarra la ley de gravedad,
como a las que van pasando los cuarenta. Yo sigo teniendo todo firme, todo
durito.
Pero, otra vez la gaviota ésta. ¡Fuera, fuera,
salga de ahí, camine, camine!
¿Quién es esta misteriosa mujer? ¿Qué papel juega
en la historia?
No se pierda el próximo capítulo de “Corazones de
piedra (La gran novela de amor madrynense)” el próximo martes, por este
mismo diario, en esta misma hoja.
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