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Novelas > Corazones de piedra

Capítulo 1: Presentando a la Galesa  

 

Mirá, mirá, ahí está de nuevo esa gaviota, ya es la tercera vez en el día que me hace caca encima. Pero digo yo, con toda la playa que hay, con todo el mar, ¿tiene que venir a hacer sus necesidades justo arriba mío?

Y encima estoy acá, siempre mirando para el mismo lado, para la Roca. ¿No me querrán dar vuelta un tiempito aunque sea?, así por lo menos miro el mar, la arena, la belleza de la naturaleza en estado puro, y de paso, paso el rato mirando a los turistas, a los churreros, a esos muchachos que andan jugando a la pelota por la playa. Ahora sí que hay para ver, todo el mundo anda en tanguita, no como antes que venían a la playa de traje y corbata, parecía que en vez de ir a la playa iban a un casamiento.

Pero bueno, qué le vamos a hacer, vamos a seguir mirando para la Roca. Mirá, mirá, parece que el doctor se casó de nuevo, mirá vos...

No te digo yo, ahí viene de nuevo la gaviota ésta. A mi tendrían que haberme hecho un paraguas, ¿qué les costaba?

¿Y aquella pelirroja? pero si ayer la vi paseando en otro auto. Cómo estamos hoy, ¿Eh?

Y claro, tanto estar parada acá, en verano y en invierno, a una se le pegan las canciones de moda. Me la paso escuchando cumbia villera desde la playa y desde los autos. Todo el día Ch-Ch-Ch, Ch-Ch-Ch, me tienen harta.

Qué querés que te diga, te la regalo estar acá. En invierno hace un frío... y el chiflete que te corre por las piernas. Menos mal que a mi no hay forma de que se me vuele la pollera, que sino, mamita querida.

Pero igual, hace frío. Dura de frío estoy. Eso sí, ¡en verano hace un calor! aunque acá arriba siempre un poco de vientito corre.

Menos mal que asfaltaron las calles, antes se me llenaba la cara de polvo, y me hacía arder los ojos mirá, y el cutis, ay, reseco me quedaba. Y eso que me daba con cremas humectantes pero no, me faltaba hidratación, ¿viste?. Y claro, cuando me pusieron acá, allá por 1965, sólo la Roca y las calles del centro tenían asfalto. Después asfaltaron todo, pero los polvos siguen acá, atrás mío. Y bueno, hay que poblar la Patagonia dicen.

¡Fuera bicho! Otra vez esa gaviota asquerosa. pero ¿Qué tiene conmigo?

Las cosas que hay que ver en estos tiempos, mirá mirá, ahí pasa de nuevo el doctor. ¿Oia? ¿Y quién es la rubia que va al lado? Me parece que la mujer no es...

Decí que no puedo hablar, porque sino, con las cosas que veo por acá tengo para escribir un libro o dos.

Y cómo me pica la espalda, hace como 20 días que tengo una picazón bárbara y claro, no me puedo rascar.

Esto de ser estatua es todo un sacrificio, no como esos que se pintan de blanco o de dorado, se paran duros en la plaza y se hacen las estatuas. Podrán imitarnos, pero igualarnos jamás. ¡Y encima les dan plata!. ¿Y a mi?, ¿nunca un centavo, que hace casi cuarenta años que estoy acá, firme, sin feriados ni vacaciones, dura como rulo de estatua?

Y además de todo esto, me tengo que aguantar a los actos de los políticos, que de vez en cuando vienen acá a dar los discursos. Y ni se acuerdan de una, claro. Nombran a todos, a los concejales, a los diputados, a los profesores, a las señoras y a los señores. Pero siempre se olvidan de una, es como si yo no estuviera, ¡Justo yo!, que los conozco desde chiquitos. Pero nunca escuché a un político que se diera vuelta y antes del discurso me mirara y me dijera "Señora Galesa". Y bueno, alguna vez lo podrían hacer, ¿no? ¿qué se piensan? ¿que una es de piedra?

Al que no lo veo hace tiempo es al Indio. Es que después de tantos años la vista me falla un poco. Pobre, los fríos que debe estar pasando allá arriba en invierno, siempre desnudo y con las boleadoras al aire...

Otra vez me viene a ensuciar la gaviota esta de porquería. ¡Juira, juira! ¡Camine a cucha!

¿Y al Quijote? ¿Qué le habrá pasado? ¿Lo metieron preso?. Lo pusieron entre rejas al pobre. Yo no sé, pero algo habrá hecho. No quiero ser mal pensada, pero algo debía de andar traficando Sancho Panza en el burro.

En cambio a mi, presa no me van a poder poner, porque estoy bien alta. Pero ¡por favor!, dejen de escribirme el pedestal, que el Pocho y la Gladys, que dale Bo, que dale Ri, que traviesa llamá al .... Paren la mano che, más respeto, qué se creen que soy ¿un pizarrón? Menos mal que ahora me pintaron todo de blanco el pedestal.

Me parece que se me está corriendo un poco el rodete, a ver, ¿está bien firme el peinado?

Qué lindo que quedó el shopping, si hasta da gusto mirarlo. Y todos los edificios altos que hay, los Torremar, los Gancybel. Menos mal que los hicieron, así me salvo un poco del viento.

Pero cómo ha cambiado Puerto Madryn. Antes, lo que ahora es la Avenida Gales era una duna, mirá, pura duna era. Cuando vinimos nosotros no había nada. Ni agua había. Todo arena era. Ahora tenés televisión por cable, telefonía celular, Internet, podés navegar, podés chatear. Antes, minga, ni una carta mandabas. Mandabas una carta a Gales avisando que había nacido el nene y llegaba cuando el nene estaba por hacer la colimba, más o menos.

En cambio ahora todo es rápido, los autos rápidos, la comida rápida, todo rápido.

Pero te digo algo, alguna satisfacción te da esto de ser estatua: soy la envidia de las mujeres de Madryn. Mirá, pasan los años y mirá, ni una arruga tengo. A mi no me agarra la ley de gravedad, como a las que van pasando los cuarenta. Yo sigo teniendo todo firme, todo durito.

Pero, otra vez la gaviota ésta. ¡Fuera, fuera, salga de ahí, camine, camine!

 

¿Quién es esta misteriosa mujer? ¿Qué papel juega en la historia?

No se pierda el próximo capítulo de “Corazones de piedra (La gran novela de amor madrynense)” el próximo martes, por este mismo diario, en esta misma hoja.

 


 

 

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