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Cuentos > Dudosos relatos del golfo

Locro y curandera

 

Con este frío, una de las mejores cosas que se pueden hacer por el momento es preparar unas buenas comidas, en lo posible calientes y picantes.

 

Aprovechando la proximidad de la fecha patria de julio, pensé en adelantar los festejos del Día de la Independencia. Es decir, de aquella vez en que nos autoproclamamos independientes de la corona española, ayudados por los éxitos bélicos del general San Martín, aunque esto sirvió nada más que para iniciar la dependencia de los ingleses, que luego le pasaron la posta a los yanquis, y así llegamos a nuestros días. Pero siempre es bueno recordar una fecha que, aunque sea simbólicamente, como el 25 de mayo, permite fomentar y despertar en los chicos de la escuela un espíritu de unión y amor por la patria propia, que hoy en día está tan devaluada.

 

Es emocionante ir a los actos escolares, donde una maestra dice frente a un micrófono berreta y con parlantes latosos: "Autoridades, Sra. Directora, Sres. Padres, Colegas, niños" y se larga con un discurso que nunca se entiende bien porque la maestra, poco acostumbrada a los micrófonos, o bien tiene la voz muy finita o bien se pone lejos. Lo cierto es que nunca se la escucha, pero uno puede intuir el mensaje. Y luego ver los actos ensayados por los chicos de los grados inferiores, disfrazados de lavanderas, vendedoras de mazamorra y empanadas, faroleros, mulatos, costureras, etc. Una vez le dije a una maestra que por qué no empezaba el discurso con "Queridos niños" y luego nombraba al resto, ya que las escuelas antiguamente estaban hechas en primer lugar para los chicos y no veo por qué cambiar eso ahora. Pero me dijo que no, que sería una falta grave al protocolo tácitamente establecido. No entendí bien qué tenía que ver el proctólogo en todo esto.

 

Pero acá en mi rancho, para conmemorar una nueva fecha patria, fui al supermercado y compré papas, batatas, choclos, porotos, garbanzos, mondongo, chorizos, panceta y otros ingredientes para preparar un bonito locro, nuestra comida nacional.

 

No voy a ahondar en la preparación de este elegante plato, ya que es un secreto que me confió mi abuela Haydeé hace varios años y no puedo divulgarlo sin tener cargo de conciencia.

 

Lo que sí puedo decir, es que ya en la mesa, fue degustado por el cuis, el fantasma, la Laura y el cacique Pipagua con mucho interés, sobre todo del cuis que, además, le agregó una salsa altamente picante hecha con ají puta parió, clavo de olor y acético, que apenas pude probarla antes de que me anestesiara los labios, las mandíbulas y hasta los pómulos. Pero el bicho este devoraba plato tras plato impregnados de la salsa explosiva y roja, tragando litros de blanco para apagar el incendio.

 

Y eso que todavía falta para el 9 de julio. Pero, en fin, tomémoslo como una práctica patriótica de la semana de mayo. Ni decir que el cuis se agarró un bruto empacho, por la tarde anduvo con unos dolores y unos "retorcijones" bárbaros (como decía mi abuela Haydeé, que era de campo, de allá por Entre Ríos). No me quedó más remedio que llevarlo inmediatamente a que lo vea algún especialista. Pero sin desmerecer a los profesionales de la zona, pensando en que se trataba de una conmemoración patriótica, debía hacer algo más autóctono que llevar al cuis al lujoso hospital zonal o a alguna de las modernas clínicas de la ciudad. Pensé: ¿qué hubieran hecho los gauchos del siglo pasado en estas circunstancias? y enseguida me decidí por lo obvio: lo llevé a lo de doña Matilde la curandera, a que le tiren el cuerito.

 

Llegamos al rancho de Doña Matilde, con el cuis a  babucha y quejándose continuamente de fuertes dolores estomacales. Nos recibe la doña y nos hace pasar a la sala de estar del rancho, el ambiente era cálido y modesto. Una mesa de fórmica y cuatro sillas, un televisor de 20 pulgadas medio gastado, plantas y flores por todos lados, un sillón de cuerina marrón y en la pared varios retratos, uno de Cristo, otro de Julio Iglesias, otro de los hijos ya grandes rodeando a doña Matilde y un perro pulguiento y alegre que no para de mover la cola y oler al cuis, que se estaba poniendo un poco nervioso.

 

Esto del curanderismo no es algo nuevo para mí, que me diplomé de brujo gracias a las enseñanzas de mi abuela Haydeé, que allá por los setenta y siendo yo un estudiante de la secundaria, no solamente se preocupaba por hacerme la comida al mediodía mientras mi mamá trabajaba. A la vez se aguantaba a Led Zeppelin y a Deep Purple a todo volumen, en un tocadiscos Berkeley que yo ponía a mis espaldas, sobre todo para hacer mejor la digestión. Cada bocado de sus exquisitos estofados era acompañado por los golpes potentes de la batería y el bajo de Deep Purple que me hacían temblar la columna. Y mi abuela se la aguantaba en silencio.

 

Decía que no solamente eso y también asegurarse de que a cada salida mía siempre llevara el pullover, aunque sea atado a la cintura, sino que también, en una noche de verano fresca y con luna llena, me confió los secretos de las prácticas curativas para curar el empacho, el mal de ojo, la lombriz solitaria y predecir el sexo del bebé en una mujer embarazada de acuerdo a la forma de la panza.

 

Estos secretos casi tribales transmitidos de boca en boca son confiados solamente a unos pocos elegidos, pero por mi parte tengo la imposibilidad de aplicarlos a los familiares y seres más allegados, así que tuve que recurrir a doña Matilde.

 

Volviendo a la acción, la dueña de casa se acerca primero con una corbata para medir al cuis y verificar la magnitud del empacho. La corbata utilizada siempre debe ser la misma; aunque ya esté desflecada no se debe cambiar por otra, porque se perdería el efecto de la magia curativa. Me pide que apoye el extremo de la misma en la parte superior del estómago del cuis (tirado boca arriba en el sillón) y lo mantenga presionando levemente con un dedo. La señora retrocede unos pasos con el otro extremo de la corbata, hasta que ésta queda tensa. Coloca la punta de la corbata debajo del codo del brazo derecho y va midiendo estirando el antebrazo, y tomando con los dedos índice y mayor la parte de la corbata equivalente a la longitud del codo, hasta llegar al estómago del cuis. Mientras tanto, dice en voz baja las oraciones necesarias para que la magia surta efecto (acá está el secreto que me es imposible develar sin faltar a la ética mínima que me exige la moral). Al finalizar la operación, verificamos que la distancia establecida por la corbata es exactamente tres codos. Vuelve a repetir la operación (con la única diferencia de que la oración recitada es otra), pero esta vez, aunque todavía quede alguien que no me lo crea, ¡¡la distancia no es de tres codos!!, sino que al querer medir el último codo la corbata no alcanza y la mano de doña Matilde cae un poquito por debajo de la barbilla del cuis. "Sí", dice la sabia, "evidentemente tiene un empacho tremendo que le llega hasta el cogote". Me hace poner boca abajo al cuis que me mira con ojos tristes y resignados como de condenado, y comienza a recorrer la espalda del bicho dando leves pellizcos a cada tramo, hasta que encuentra una zona donde parece que el cuero está pegado a los huesos y allí es donde tira firmemente el cuero hacia afuera. "Crack, crack" se siente (esto duele un poco). Luego, se persigna y me da las indicaciones para continuar la curación: té de yuyos o de cedrón, mucha agua y nada de comida por hoy. Para que este tipo de prácticas tengan efecto, no debe cobrarse el servicio, por lo que le doy las gracias y retornamos pensando que algún día le voy a traer al menos un vinito para retribuirle. Y como siempre, la magia surtió efecto. Al otro día, el bicho estaba como nuevo, olfateando como si nada a ver si encontraba por ahí alguna lata de Quilmes, pidiendo algo para comer y diciendo versos alegres al viento. Por mi parte, no puedo revelar los secretos de este tipo de prácticas. Solamente si hay alguno interesado, le puedo decir cómo predecir los embarazos por la mirada de la mujer y cómo predecir el sexo de los bebés por la forma de la panza. Todo esto sin necesidad de Eva test ni de ecografía ni nada.

 


 

 

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