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Martes 21/03/ de algún año
Puerto Madryn: el viento trae infinitos recuerdos
serpenteando en el polvo opaco que presagia la tormenta. Unos pájaros, que
casi no se ven, se aferran a las ramas del los olmos. Los espectros de la
poesía acechan en la calle.
Ahora que ya entra la noche en el golfo, y las
primeras luces de la calle hacen flamear a las ramas de los árboles, recién
me doy cuenta de que el cuis estuvo todo el día deprimido.
Otra
vez mariconeando, don cuis, ¿se puede saber qué le pasa ahora?
Mire, no le voy a andar contando mis sentimientos a usted, que quién
se cree que es, mejor siga con lo suyo y déjeme a mi con mi nostalgia
otoñal.
Dele
don, no se haga el difícil y dígame por qué anda cabizbajo y meditabundo.
Bueno, por ser usted voy a hacer una excepción, lo que pasa es que
hoy es el día del poeta y nadie se acordó de saludarme... ¿A usted le
parece, hacerme esto a mi?
Ay... pobre, nadie se acuerda de él. Y qué más quiere, es lo mejor
que le puede pasar a un poeta, ¿no sabe que la fama y el éxito juegan en
contra de los buenos versos?
No
sé don, a veces quisiera ser uno más, un hombre común, y no cargar con este
peso de imaginar... quisiera hablar de cosas triviales. A propósito, ¿cón
quién juega Boca mañana?
Pero
déjese de pavadas, si usted es apenas un miserable bicho, un pobre infeliz
y encima ególatra, es decir, cumple con dos de las principales condiciones
para ser un buen poeta, y con respecto al fútbol, ya sabe que no me
interesan ni Boca ni River, porque para mí, si algo o alguien puede resumir
en sí mismo el amor y el rechazo, la pasión y el abandono, el fracaso y el
éxito, la tristeza y la alegría, y juntar todo eso en una sola pierna
mágica es, simplemente, El Diego. Después no hay nada más.
Ahora, volviendo al tema suyo, fíjese que acá, en
Puerto Madryn, hay tantas cosas para versear sanamente, las bardas, la
meseta, las calles, los galpones, las ballenas, las olas y el viento, el
frío del mar, que usted lo que tiene que hacer para convertirse en un poeta
acabado, es simplemente toser todas las mañanas, andar con la mirada
perdida, tener varios desengaños amorosos, ser pobre, tomar ginebra y salir
a caminar de noche con sobretodo cuando hay viento y hace frío. Como verá
no es para nada mi caso; yo estoy para cosas mucho más importantes, como
cambiar el auto o ir a renovar mañana un plazo fijo.
Bueno, de todas las cosas que nombró me falta nada más salir a
caminar de noche, y ahora que se está poniendo fresco y parece que va a
llover, ¿no me lleva a pasear por la Yrigoyen?
Tá
bien, voy a hacer un esfuerzo y de paso voy al kiosco de revistas a comprar
la Body & Fitness, vamos.
Así nació el inolvidable "Yrigoyen
Blues", una recreación de la avenida homónima hecha por el cuis poeta
en estrofas libres, quien, ahora que se la acuerda, se compromete a
dictármela:
Yrigoyen Blues
A veces me pregunto
cuando la noche abraza la ciudad
¿Habrá dejado Dios ese callejón oscuro adrede
para que inspire poemas?
¿Habrá dejado perros ladrando
y veredas vacías
y edificios como duendes
para que allí revivan espectros viejos?
¿Será a propósito?
No sé. Pero no puedo evitar
asociar esa calle con la ausencia
ni dejar de comprender al tango
ahora que el viento toca sus violines.
Entiendo, sin embargo
que los galpones de la avenida oscura
se construyan grandes
para juntar muchas historias turbias
y mentiras de fantasmas
y que los baldíos no estén vacíos
cuando oscurece.
Parado en medio de estas sombras
este silencio negro quiere detener el tiempo
ayudado por gatos y pájaros negros
que aletean en las chapas
y lo consigue en la pareja
que se besa contra la pared añosa.
No sé nada pero creo
que esta noche de barrio
esta melodía del sur
figura en la trama del cuento celeste
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