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Dentro de la intensa actividad faunística que
merodea Puerto Madryn, Puerto Pirámides y otros parajes cercanos, hay
algunas especies que se destacan de las otras por sus llamativos tamaños,
formas o movimientos. Una son las ballenas, por si no lo dije antes.
Después hay mucho bicherío. Los bichos de los que
hoy vamos a ocuparnos son los guitarrerus playerus patagoniensis de un solo
pelo: unos animales grandes, que aparecen repentinamente en verano entre
las carpas, al llegar el ocaso, y, para llamar la atención de la hembra,
utilizan un artilugio bastante extraño. Consiste en el uso de un elemento
de madera liviana de forma oblonga, al que se les adosan una suerte de
tanzas que se colocan estiradas y ajustadas por medio de unos clavos
móviles. Dichas tanzas producen unos llamativos sonidos al ser rozadas por
las extremidades superiores del guitarrerus playerus, sonidos que a veces,
y sólo a veces, tienen una composición armónica que producen unos efectos
afrodisíacos en la hembra que, obnubilada por los sonidos hipnóticos, se
enamora. No conforme con esto, estos verdaderos depredadores además
utilizan su particular forma de ataque para devorarse todos los sánguches
de milanesa o latas de paté o facturas que siempre tienen en la carpa las
hembras de su especie que, a diferencia del macho, son más conservadoras y
siempre sacan, quién sabe de dónde, algunos exquisitos manjares que
preparan las hembras de mayor edad.
El macho, acechante en todo momento y siempre con
hambre y en celo, aprovecha la más mínima oportunidad para acercarse al
habitáculo de las hembras y tratar de establecerse transitoriamente, a fin
de diezmar todas las provisiones de las mismas y, por supuesto, obtener los
favores amorosos de (otra vez) las mismas. Para ello utilizan la mencionada
manera de flirteo con su extraño instrumento ahuecado, y agregando a esto
la emisión de unos sonidos guturales, modulando con los labios extrañas
melodías en las que prevalecen las vocales por sobre otras letras.
Mitad pescado y mitad comadreja, estos anfibios
realizan a veces una patética oratoria, cuando sus intentos de dar alaridos
acompañados con el elemento de madera sonora no dan los resultados
esperados, y así se lanzan a una verdadera maratón de frases y párrafos,
para confundir y enredar a la hembra en sus lucubraciones. Pero, llegada
esta instancia, casi siempre son expulsados a golpes de paletazos por parte
de ellas, ya que las hembras utilizan también unos maderos oblongos no
ahuecados sino macizos, los cuales sirven para golpear de manera sincrónica
a una pequeña esfera verde que rebota, hecha de un material similar al
caucho, logrando así un repetitivo juego con el que pasan la tarde, a la
espera de la llegada del depredador, al caer la noche.
Esta paleta, llamémosla así, cumple también la
función de espantar al guitarrerus cuando se pone insoportable. En estos
casos, el mencionado animalito desaparece en la inmensidad oscura de la
Patagonia pero, seguidor como perro de sulki, vuelve a insistir al día siguiente.
La temporada de avistaje de esta especie es el
verano. En invierno abandonan las playas, pero se cree que en épocas frías
se disfrazan de seres humanos, colocándose unos atuendos bastante paquetes
y desplazándose erguidos en sus extremidades inferiores, adoptando una
apariencia casi humanoide.
Siempre con su fiel arma mortal de madera a
cuestas, hacen su aparición en algunos locales nocturnos de la ciudad
buscando una vez más los objetivos mencionados, pero esta vez intentando
obtener, en lugar de alimentos, bebidas espirituosas para hacer pasar el
frío.
No son individuos peligrosos, ya que su forma de
ataque es más bien pasiva, ejerciendo una atracción voluntaria de la
víctima hacia su persona. La hembra elegida es sutilmente obnubilada, encandilada
y cae mansamente en las redes de cuerdas y palabras del depredador.
¡¡Pero atención!! Recientes comprobaciones y
análisis realizados en importantes centros de estudios de la fauna local,
han demostrado que no es tal la mansedumbre de las hembras, sino todo lo
contrario. Al parecer son de una inteligencia muy superior a la del macho
guitarrerus, que se cree piola, y, aparentando ser atrapadas por las garras
musicales del macho, lo dejan hacer para, luego, en muchos casos
comprobados, someterlo a una devoción y un enamoramiento hacia ella de por
vida, mucho más grave y peligroso que las transitorias conquistas del
guitarrerus. De esta manera, obligan al mismo a realizar algunas
atrocidades impensadas hasta el momento de su caída, herejías tales como trabajar,
hacer la cama, lavar los platos. Todas barbaridades y cosas descabelladas
que ocurren cuando el guitarrerus es casado, perdón, cazado por la hembra y
el sólo hecho de pensar en ser casado, perdón cazado, produce un pánico tan
intenso, un miedo tan atroz en el guitarrerus playerus patagoniensis de un
solo pelo que le hace temblar desde la bordona hasta la prima, desde el
puente hasta las clavijas (ver libro "Estudio de las especies
musicales patagonienses" del naturista Roland Dior: "Caso VI:
guitarrerus C.A.N. cae víctima de hembra M.L.L. y se casa", página
894).
No vamos a ahondar en la parte científica de la
cosa, porque no somos quiénes para hacer eso. Simplemente, los dejo con una
poesía que escribió el cuis (que entre paréntesis anda remamadazo) la otra
tarde en homenaje a la música silvestre y el canto salvaje.
...
Pero antes, debo poner en conocimiento del lector
que este verano viene bastante pesado y, como consecuencia de ello,
lamentablemente el cuis otra vez ha retornado a la bebida. Es duro decirlo
así de fácil, de esta manera tan impersonal, pero lo que hasta hace poco
era un atisbo de recuperación, ahora es solamente un buen recuerdo. Luego
de tremendos esfuerzos por alejar a esta criatura silvestre del alcohol,
predicando con el ejemplo, hoy lo encuentro tirado en la catrera, en un
triste estado de embotamiento producto de la ingesta copiosa de New Age
blanco espumante. No obstante, hemos logrado mantener al animal lúcido
durante un día y medio, pero ya se lo veía flaqueando cuando lo descubrimos
tratando de arrancar el corcho del New Age con los dientes. Ahora, sacado
como está, no recuerda bien la poesía que había hecho para el guitarrerus
playerus, sin embargo en un momentáneo lapso de razón (Pink Floyd dixit),
ha podido balbucear algunas estrofas, poco tiempo antes de retornar a la
pesadilla que había dejado trunca, para dictarnos las mismas.
Por otra parte, es nuestro compromiso mencionar
que, en cuanto se reponga de este mal momento, y siempre con la premisa de
hacer todo lo posible para conservar intacta la fauna local, vamos a llevar
al cuis a caminar por la playa, esta playa tan grande y bella que nos rodea
del lado de allá, llena de arena, caracoles, cangrejos, mejillones,
gaviotas, petreles, silencios, misterios, recuerdos, sonidos, pensamientos,
soledades y muchas cosas más que hacen de este lugar un importante centro
turístico. Lo mantendremos absolutamente alejado de cualquier tipo de
bebida alcohólica, salvo de la petaca de Tres Plumas que siempre llevo en
el bolsillo oculto de la campera y que utilizo solamente en momentos de
extrema urgencia. Hic.
Ahora sí, vamos a la poesía.
Guitarras playeras
Aquellos que si no cantamos morimos
nos dejamos llevar por la marea
y luego volvemos
con marcas de mar en las voces
El paisaje
que saca el temor de los ojos
y disipa la angustia del mañana
que me hace perder el sentido
el sentido me lo saca y me lo da
cuando las gaviotas se van de parranda
guitarras en mano, que son como alas
alas y cuerdas
y vuelan soplando acordes
en la oreja de Dios.
Y uno canta que "mi corazón perdido
sin nadie que lo consuele
le duele más y le duele
porque es parte de tu olvido"
Y no quiero ser parte de tu olvido
ni el olvido de tu parte
"Quiero ser mar en invierno
y en verano ser arena
quiero ser nube en otoño
y viento en la primavera"
Y uno no sabe qué pasa
cuando las guitarras suenan
bajo los tamariscos
pero puede imaginar
que el temor que brota de los ojos
por la angustia del mañana
huye alas abajo
de las gaviotas parranderas.
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