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Cuentos > Dudosos relatos del golfo

Omniblus

 

Una característica muy especial de esta Patagonia son los viajes largos.

 

Ocurre que por estos parajes hay que hacer varios e interminables kilómetros para llegar de una ciudad o un pueblo a otro, y uno, sobre todo de noche, sentado en un asiento de ómnibus, está obligado a quedarse así hasta llegar a destino. Se ve poco afuera y menos adentro. En la tele que está adelante dan una película, pero termina a la hora de dormir, justo cuando se acaban los sánguches de milanesa y la petaca de Tres Plumas.

 

Sumado a esto rige la prohibición de fumar en todo el recinto móvil.

 

Y el motor, con su ronroneo continuo y el arrullo de las ruedas, mecen chapa y pasajeros.

 

Por lo tanto, no queda más remedio que intentar someterse a los deseos de Morfeo, que no es un zulú grandote sino el dios mitológico del sueño. Pero, ¿qué pueden hacer aquellos a los que les está vedado el descanso en viaje, a aquellos que, en el mejor momento para dormir a pata ancha, se le ponen los ojos como el dos de oro?

 

Bueno, siendo el cuis uno de los individuos que sufren de insomnio en viaje, como para pasar el rato se pone a escribir poemas.

 

 

 

A veces cuando viajo lejos

 

tras el frío ominoso de la ventana

 

la noche atisba con sus ojeras

 

y el reflejo de unas almas, eeeh, (cómo se dice poéticamente con sueño)

 

colorean el campo con una fugaz visión

 

de los durmientes en el vidrio

 

 

 

Aunque no pude, debería estar durmiendo

 

hay mucho tiempo para pensar en estas ocasiones

 

y es un poco peligroso

 

 

 

Con la luz hiriente del ómnibus

 

cuento los palos del alambrado

 

imagino imposibles lechuzas

 

liebres escapando a la luz depredadora

 

y la eterna persecución de la luz mala

 

 

 

El de lentes del asiento de al lado

 

para leer vuelve a encender el foquito ad hoc

 

inclina las hojas de un libro inescrutable

 

que por la tapa oscura parece de Borges

 

y el ruido monótono del motor

 

acuna al campo negro en su letargo

 

 

 

Estamos llegando

 

El resplandor tras la meseta anuncia a la ciudad

 

Allá está Madryn, decenas de metros más abajo

 

y aunque ya vi este paisaje varias veces

 

de nuevo, como un autómata con órdenes estrictas

 

estiro el cogote para ver mejor,

 

al primer indicio de que la noche va a abrir sus ojos negros

 

para dejarme ver las luces de la ciudad

 

quebrando este silencio interior

 

 

 

Bienvendidos Welcome Bemvindo

 

se reparan parabrisas en la Mitre...

 

cuchillos tenedores destacamento rotonda...

 

 

 

Por fin estoy en casa.

 


 

 

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