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Cuentos > Dudosos relatos del golfo

Charla de café (los consejos de Pipagua)

 

Lunes, 22.30 PM.

 

Sentados frente a una mesa del bar, el fantasma, el cuis, el Cacique Pipagua y yo vemos pasar en una TV lluviosa las últimas imágenes del partido del lunes (Gimnasia y Esgrima de Jujuy vs Argentinos Juniors). Por suerte no se ve nada en la TV; aparentemente alguien hizo un gol por los gritos del relator, pero no se distinguen los colores de las camisetas de la masa humana exaltada. Digo por suerte, porque estos televisores mal sintonizados dan lugar a otro tipo de actividades, mucho más creativas y enriquecedoras como charlar y escuchar.

 

El pingüino de cerámica tose las últimas gotas de tinto de la casa (siempre es temporada de pingüinos en estos bares suburbanos). Aún queda medio sifón de soda intacto. Como para no desperdiciarlo, le solicitamos al propietario del establecimiento otro pingüino.

 

Fantasma:

 

  Qué viento que hay afuera, ¿no?

 

Pipagua:

 

  Es que se viene la primavera, y en estas épocas las diferencias de presión entre las distintas regiones patagónicas hacen que se produzcan grandes cambios atmosféricos, los cuales  se traducen en fuertes vientos.

 

Fantasma:

 

  No me digás, gracias por avisarme, después de 130 años de estar acá no me había dado cuenta.

 

Pipagua:

 

  Fijesé la cantidad de chapas que hizo volar el viento de la semana pasada,  ¿se acuerda la vez que el viento tiró una grúa al agua en el muelle Storni? Y eso que son pesadas las grúas...

 

Fantasma:

 

  Sí, ¿no fue también que una vez hizo volcar a una camioneta en el muelle?

 

El Cuis:

 

- ¡Hic! ¡Salú! Me parece que está lindo el clima para escribir una poesía.

 

Pipagua:

 

- Si va a poetizar, tenga en cuenta lo siguiente:

 

“Un poeta es aquel que barre la calle cantando, que luego se cambia de ropa y llora en los velorios ajenos. Es el que hace suya la traición de los otros y el que se compromete a muerte a cambio de una simple flor. No es necesario que el poeta escriba maravillas literarias, es suficiente y tal vez mejor que las escuche en su mente y no las diga”

 

 

 

El cuis:

 

- ¿Perdón? ¡Hic!

 

Pipagua:

 

- Quiero decir que:

 

“Sentarse frente a una ginebra a la mesa de un bar, y meditar durante horas en silencio mirando la lluvia es una buena forma de empezar para sentirse incomprendido. Pero el verdadero poeta (jugador, luchador) no debe esperar ni pretender comprensión de nadie, y pasados unos años ni siquiera de sí mismo. Para él, ser un incomprendido sería un acto de soberbia que no podría permitirse. El falso poeta llora frente al vaso vacío hasta que la madrugada lo compadezca. El verdadero poeta se toma rápido la ginebra, sale a la calle y sonríe.”

 

El cuis:

 

- ¿Qué le pasa cacique, se siente bien?

 

Pipagua:

 

- Sí, tan bien como para decirle que:

 

"Una buena práctica del poeta antes de enfrentar la hoja en blanco, o del guerrero antes de la lucha, es mirar al cielo y buscar las estrellas. Aunque las estrellas están en el cielo a toda hora, solamente se pueden ver con claridad de noche, de día la poderosa luz del sol las oculta. Aquél que dice poder ver las estrellas de día no es ni poeta ni luchador, es un farsante que pretende ser más que los otros. El poeta debe mirar al cielo de día y ver claramente la magnitud del sol magnífico y comprenderlo. Y deberá asimismo esperar hasta la noche para extasiarse con el cielo estrellado."

 

El cuis:

 

- Me parece que ya se me fueron las ganas.

 

Pipagua:

 

- Espere, escuche:

 

"El poeta no escapa a su destino, como el buen guerrero no huye nunca del campo de batalla. Simplemente, el guerrero puede optar por irse sin previo aviso, porque en su voluntad radica la seguridad de sus actos, no necesita ni le importa si lo juzgan: él es su propio juez. Sabe que no controla el destino, por eso es que no lo huye. Si el destino es correr, debemos dedicar la vida a estar ágiles y fortalecer las piernas."

 

El cuis:

 

- Es que... me ha dejado sin palabras...

 

Pipagua:

 

 

 

- No crea, siempre es bueno saber que:

 

"Dice una ley física que un objeto en reposo permanecerá en ese estado eternamente, o hasta que otro objeto lo ponga en movimiento, y que un objeto en movimiento se moverá siempre hasta que otro objeto lo detenga. El poeta, aún sabiendo que (al menos en este mundo) no conviene desafiar a la física, deberá intentar siempre ponerse en movimiento por sí mismo y deberá saber también cuándo detenerse a tiempo, en lo posible justo antes del choque inminente."

 

El cuis:

 

- La verdad es que me está haciendo entristecer y ya no tengo ganas...

 

Pipagua:

 

- Eso hay que evitarlo, mire:

 

"Así como el pez más grande se come al pez más chico, pueden la pereza y la angustia devorarse a un corazón pequeño. La diferencia radica en que el pez chico desconoce cuándo y por quién va a ser tragado (aunque intuye que eso va a ocurrir alguna vez) y de súbito se encuentra en el estómago del más grande. En cambio, la paulatina falta de latidos siempre advierte la voraz presencia del abandono y el desconcierto que acechan, y le da tiempo a la víctima para replantear su defensa."

 

El cuis:

 

- Es que ahora no sé qué escribir, ni sobre qué, tengo dudas.

 

Pipagua:

 

- Eso le pasa a mucha gente:

 

"Un sabio dijo alguna vez que la tierra gira alrededor del sol y estaba seguro de ello. Tan seguro estaba que supo que debería mentir para salvar su vida. Un aventurero, convencido de que el mundo era redondo, se lanzó al mar con un puñado de rufianes a bordo. Si bien ambos gritaban a los cuatro vientos su verdad sincera, en el fondo de sus almas les cabía aún una mínima fracción de duda, una sospecha de que aquello que afirmaban no fuese cierto. Por suerte para ellos, gracias a esa pequeña intriga pudieron continuar sus vidas, de lo contrario tendrían que haber finalizado amargamente la búsqueda."

 

El cuis:

 

- Creo que voy perdiendo las esperanzas de escribir algo.

 

Pipagua:

 

- "Nadie puede escapar del todo a perder las esperanzas. Ese lujo del que se jactan las pseudo víctimas de la realidad social es una triste mentira. Aún el ermitaño que se recluye de por vida en una cueva guarda en secreto el deseo de salir un día y encontrar a alguien que lo mire a los ojos y le extienda un brazo. Aún el suicida espera que una mano aparte el revólver en el instante mismo del disparo"

 

El cuis:

 

- Pero... seguro que me sale fea, no sé, no estoy motivado.

 

Pipagua:

 

- "Muchas veces se critica al jugador que arriesga mucho cuando tiene todas las posibilidades en contra y que, sabiéndose perdedor de antemano, opta por levantar la última carta. Esto atenta contra el sentido común y para los otros es una decisión propia de un estúpido. Pero siempre es preferible una buena derrota a no haber jugado."

 

El cuis:

 

- Usted me quiere matar de amargura. Hic.

 

Pipagua:

 

- "En tiempos en que la imagen lo es todo, es difícil imaginar, es decir, poner en la mente algo que no se vea bello. Sin embargo, la cercanía de la muerte es lo único que nos hace ser más humanos, al punto de llegar a despreciar nuestra propia apariencia, por eso es bueno andar con algo de muerte en la mente o aunque más no sea en los bolsillos, que nos avise cuando exageramos el maquillaje"

 

El cuis:

 

- Es que sin poesías mi vida no tendría sentido...

 

Pipagua:

 

- "Buscarle el sentido a una existencia humana puede ser realmente penoso. Conocer el origen del desdén de una ciudad llena de gente, una tarea imposible. En estos tiempos quizá lo único agradable pueda ser dejar escapar a la locura un poco, caminar de noche en busca de una revelación callejera que nos haga dormir tranquilos"

 

El cuis:

 

- ¡Cómo sabe usted! ¿Por qué no va a predicar a la plaza?

 

Pipagua:

 

- "Nada se logra predicando a viva voz a las muchedumbres en la plaza. Aunque muchos entregarán sus vidas por unas cuantas frases inteligentes y dichas con convicción, éstos no son más que alimentos para el poder, que obtiene placer al saberse dueño de los otros. El débil dará órdenes señalando con el dedo su objetivo en el aire; el espíritu poderoso no: él va en busca de la melodía que canta el viento en los cabellos de sus hijos cuando le den la espalda y corran. En ese momento, con la mirada fija por última vez en sus figuras jóvenes, les dirá en voz baja y sin que lo oigan: “No les ordeno nada” y se sentirá feliz."

 

El cuis:

 

- ¡Sáquenle el vino, sáquenle el vino!

 

Pipagua:

 

- Eso no, por favor, ni en broma. Pero ya que estamos, sepa que enojarse no ayuda mucho:

 

"Es muy fácil caer en los brazos de la venganza y el odio que la antecede. Para un luchador, que prefiere el combate antes que ganar, no hay motivo alguno para vengarse porque no existe la ofensa. Sentirse agraviado por algo o por alguien no es de buenos contendientes, eso es para los espíritus débiles que justifican su vida insignificante tras el convencimiento de que otros les hacen daño."

 

El cuis:

 

- Gracias por los consejos, usted sí que es un amigo.

 

Pipagua:

 

- Puede ser. Vea usted que uno a los amigos no los elige como a los parientes. A muchos parientes se los pueden elegir, uno puede tener o no un tío según le plazca, y mucho más fácil en la vida es elegir cuñado o suegra por ejemplo, y una vez elegidos uno hasta puede llegar a cambiarlos arbitrariamente, por motivos en que la mayoría de las veces poco tienen que ver los cuñados, es decir que es una elección unilateral donde el cuñado o la suegra no tiene demasiada participación, pero a los amigos no se los eligen.

 

Los amigos aparecen azarozamente en la vida y cuando llegan no dejan ni la menor posibilidad de elección, cuando lo son ya lo son. Y no es la única elección que uno no puede hacer, tampoco se puede elegir cuál sol uno quiere que lo alumbre, o de cuál equipo uno quiere ser hincha (según fue comprobado recientemente durante la decodificación del genoma humano), o de quién tiene que enamorarse.

 

Pero esto no significa que no tengamos ciertas libertades en otras cosas más sencillas, más simples, en donde la posibilidad de elección sí es absoluta, como cambiarse de sexo, de nacionalidad o de pasado, aunque esto último no sea muy recomendable al fin y al cabo, porque el pasado es lo que uno realmente es, millones de años y evolución de la naturaleza que se resumen en un presente que no dura ni un instante apenas, por lo que no lo podemos tener en cuenta. Lo único que uno realmente es, es el pasado, no como el futuro que es lo que uno podría llegar a ser alguna vez, momento que cuando ocurre ya pasa a formar parte del pasado. El pasado contiene la nostalgia, la melancolía, el recuerdo, todas cosas mucho más queribles que las que contiene el futuro, que no son más que incertidumbres, profecías, hechos dudosos. El pasado no cambia ni debiera ser cambiado a la fuerza, aunque algunos se empeñen en querer borrarlo de a poco haciendo edificios en los potreros, donde antes había torcidas y memorables canchas de fútbol, o instalando bytes en los mensajes donde antes había cartas arrugadas de pasión.

 

...

 

El fresco y terroso viento madrynense se muestra tras la puerta abierta, bolsas vacías del supermercado pasan a vuelo rasante por la calle.

 

Yo:

 

  Digo yo, ¿no hay otra cosa más interesante para hablar que no sea fútbol o política o filosofía?

 

El Cuis:

 

- Sí, hic, ¡de mujeres!

 

El tiempo pasa imperceptible entre estas cuatro paredes despintadas, la charla se cierra en la siempre distinta monotonía de las palabras de los bares. El pingüino de cerámica, una vez más, entrega sus últimas gotas tristes, a pesar de que el cuis lo sacude boca abajo con desesperación.

 

Propietario del bar:

 

- Muchachos, ya somos las una de la mañana, rajen que cerramos.

 

Con gesto de desaprobación nos ponemos de pie, no sin antes darle el último trago al vaso de tinto.

 

El Cuis:

 

  Ufa

 

Pipagua:

 

  No importa, vamos a casa que les voy a contar la leyenda del canto de las ballenas.

 

Salimos y nos recibe una ráfaga de 35 km/hora dirección nor noroeste. Desde una nube gris oscura, como es su costumbre en estas noches no muy frías, mi viejo me silba "Cuesta Abajo". Eso y el flamear de las bolsas de residuos en el terreno baldío de la esquina son los únicos sonidos del momento. Unas pocas cuadras más allá, pasando las escasas luces de los carteles de los negocios del centro de la ciudad, el mar, quieto y suave, esconde a las ballenas.

 

Caminamos hacia la Gales y en el bar Urquía se apagan las luces, queda ciego por unas horas este histórico monumento madrynense. En sus paredes corroídas por el tiempo y el viento se encierra gran parte de las miles de historias de los pobladores de este sur, hasta no hace mucho salvaje e inhóspito, tanto en el desierto de la meseta como en el desierto del mar.

 

No hay mucho para hacer en estas noches ventosas, así que enfilamos nomás para lo del cacique, que además del cuento de las ballenas prometió unas copas adicionales de Johnny Walker.

 


 

 

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