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Cuentos > Dudosos relatos del golfo

Las ballenas, ¿son extraterrestres?

 

Continuamos con el desvele de misterios a cargo del gran maestro Pipagua. Ahora ataca la segunda teoría: las ballenas, ¿son extraterrestres?

 

Según dicen algunos iniciados en el estudio del cosmos, es probable que estemos rodeados de extraterrestres que nos espían. Estas teorías, por la inestabilidad en el orden social que podrían provocar si fueran comprobadas, no salen de trasnochadas charlas secretas en sótanos, catacumbas y otros lugares por debajo del nivel de la calle.

 

Entre muchas otras, hay una hipótesis que afirma que las ballenas, estos animales ejemplares de los que quedan pocos idems y pocos items también, provienen del espacio exterior.

 

Esta afirmación explosiva, que por sí misma generaría una tremenda incertidumbre en las masas, está basada en algunas evidencias que, según dicen, no admiten la menor duda.

 

La primer pregunta es: ¿cómo llegaron al mar?

 

Muy simple: volando desde arriba para abajo, lo cual no tiene nada de reprochable. Sí podía haber sido cuestionada esta afirmación en siglos pasados, cuando nadie podía creer que algo más pesado que el aire pudiera volar; pero ahora que vuelan aviones y cohetes mucho más pesados que dos ballenas juntas, no hay nada que demuestre que una ballena no podría volar.

 

Asimismo, la humanidad hace apenas unos 600 años estaba segura que la Tierra era el centro del universo, y ahora, ¿qué me dicen?, ¿eh?.

 

Además, existe el viejo dicho popular tan conocido: "éste se piensa que las vacas vuelan", refiriéndose irónicamente a alguien que cree cualquier estupidez, ya que aparentemente nadie vio nunca a una vaca volar. Sin embargo, el acerbo cultural argentino habla, en algún verso campero, de algo así como "de las aves que vuelan me gusta el chancho, porque vuela bajito como el carancho", y nadie en su sano juicio se animaría a refutar estas coplas, tan tradicionales y respetables como el mismo Martín Fierro, la biblia del gaucho. Es probable entonces que, como los chanchos, las ballenas vuelen también bajito (dado su importante peso), y entonces pasen desapercibidas para el ojo humano.

 

La segunda pregunta es: ¿adónde van cuando no están acá?

 

Muy fácil: a una base suboceánica con tecnología tensorial, situada en alguna parte de los mares, en un foso a 11000 metros por debajo del nivel del mar.

 

Sí lector, no se quede con la boca abierta y siga leyendo un poco más.

 

En primer lugar, entre los estudiosos del tema nadie sabe adónde emigran, es como si desaparecieran por arte de magia, pero, ¿cómo pueden desaparecer semejantes animales, los más grandes del mundo de hoy, sin dejar rastros?.

 

Nadie responde a esto, aunque nosotros afirmamos, sin lugar a dudas, que dentro del organismo de una ballena adulta se puede montar fácilmente un verdadero laboratorio móvil de la más alta tecnología humana, ni hablar de los extraterrestres, que tienen un cerebro altamente deshumanizado, es decir, mucho más profundo y que además cuentan con estructuras de materiales biominerales, con una gran resistencia a las altas presiones, por lo que podrían sumergirse bien hasta el fondo sin sentir ni la más mínima atmósfera de presión en la piel.

 

La tercer pregunta es: ¿a qué vinieron?

 

Qué pavada: obviamente, a observarnos. Estas criaturas tratan de acercarse lo más posible a los barcos de avistaje de ballenas que pululan a su alrededor durante su estadía en estas costas, siempre teniendo mucho cuidado de no dañar ni alterar el hábitat de los especímenes humanos que se les acercan, para evitar alterar el sistema ecológico.

 

Para lograr el objetivo de atraer humanos utilizan algunos trucos hipnóticos, como golpear fuertemente la superficie del agua con la cola o liberar un chorro de vapor a alta presión que sale disparado de abajo hacia arriba como un géiser. Es increíble cómo la especie humana es atraída fácilmente con unos simples movimientos corporales de los seudo-cetáceos, sin necesidad de recurrir a ningún tipo de mecanismo sofisticado.

 

Una vez colocadas a una distancia prudencial del hombre, pero lo bastante cerca de él, relevan millones de datos por segundo acerca del comportamiento de esta especie, estos datos son transmitidos telepáticamente, recurriendo a frecuencias con longitudes de onda indescifrables, a la base suboceánica donde luego son procesados por computadoras con miles de CPUs, conectadas en paralelo a través de un bus de 8192 bits.

 

Por otra parte, se ha notado últimamente un aumento en la población de ballenas que nos visitan cada año. Estamos en condiciones de afirmar que este incremento se debe a que, de un tiempo a esta parte, han aparecido algunas ballenas que no vienen con fines científicos sino turísticos; al parecer en su planeta de origen está muy de moda organizar excursiones para el avistaje de humanos, que son muy bien pagadas por las ballenas lejanas, que no quieren perderse la oportunidad de ver a una especie tan rara y extravagante como es el hombre en su hábitat natural.

 

La cuarta pregunta es: ¿son peligrosas?

 

Qué tontería: en absoluto. Estos animales son de una inteligencia superior. Dada su increíble evolución, afirmamos que ya han superado ampliamente aquellos conceptos que conducen a la destrucción, como el egoísmo, la envidia, el resentimiento, el odio, la ambición, la avaricia, el deseo de poder, estupideces que todavía se reafirman en algunas especies menores en el escalafón de la evolución. Las ballenas aprendieron hace mucho que hay que cuidar y conservar las cosas, por eso son tan sutiles, tan silenciosas, tan agradables. Al contrario, muchas veces se sacrifican, entregándose a arpones malévolos, para que esta especie inferior también aprenda, viendo cómo se muere y cómo sufre una ballena, que eso está mal, que es cosa de ignorantes, de gente mala, que debemos intentar evolucionar un poco más y dejar de agredir a cualquiera porque sí.

 

 

 

Todo esto tiene, evidentemente, mucho de verdad.

 

Pero escuchemos la otra campana. Existe un grupo de filósofos y pensadores que afirman todo lo contrario, es decir, sin demasiados basamentos claros, dicen que las ballenas son terrestres.

 

Para justificar su oposición a la teoría anterior, se basan en que no pueden ser extraterrestres simplemente por la manera en que cuidan el lugar en donde viven: nadie que no fuera del Planeta Tierra tendría tanto cuidado en mantener, por más de 30 millones de años (que es el tiempo que hace que andan por acá), al planeta siempre igual de limpio, hecho un vergel, con mares sanos y naturales. ¿Para qué hacerlo si no fueran de acá, es decir, si no fueran bien terrestres?.

 

Sería difícil creer que alguien cuidara tanto lo que no le pertenece.

 

Por eso es que, dada la evidencia de que al mundo, en sólo unos pocos cientos de años, el ser humano lo está destruyendo a pasos agigantados, estos últimos estudiosos afirman que el que no es de este planeta es el hombre.

 


 

 

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