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Cuentos > El irresistible culo de Lady Natasha Buttock

Parte 7 

 

El camino de regreso pasó sin sobresaltos, en un día y medio sorteamos la meseta redondeada que nace al sur del Río Chucrut y culmina en el Río Colorado. Atravesamos el río con los vehículos en unas balsas y rápidamente subimos la siguiente meseta, que se eleva hasta aproximadamente el centro de la provincia de Buenos Aires para volver a caer hacia la capital. Durante el viaje, escribí mis primeros esbozos de mi conferencia en Londres. Estaba relativamente feliz de regresar.

Pero por momentos negros pensamientos surcaban mi cabeza: como una ráfaga, pasaban miles de culos saltando por un campo infinito.

Ya en mi casa, inicié todos los preparativos para mi nuevo viaje, esta vez a Londres. Sin perder un momento, revisé todas mis cosas, mis papeles, el equipaje que llevaría y todos los huesos, objetos y documentos palanpaguanos que llevaría.

Un nuevo barco, mas grande que el anterior, me dejó en Londres, una tarde de comienzo del verano.

Algunos de mis colegas me recibieron con profundo respeto, ya conocían la magnitud de mis descubrimientos.

Me instalé con mis pajes en un lujoso hotel y traté de descansar. Al otro día daría la conferencia que me haría famoso y respetado en el mundo entero. Con sorpresa noté que hacía tiempo que no pensaba en culos. Eso me tranquilizó, tanto que para matar el tiempo, dibujé varios culos en mi carpeta de bocetos. Luego durante la cena, modelé un culo verde con el puré de manzanas, otro con la ensalada Waldorf y varios culos más tallados en pan. El garzón me miraba sorprendido, admirado por mi habilidad e inteligencia.

Creo que allí comenzaron mis prácticas de origami.

Al día siguiente, ya en la London Universal Science Academy, procedí a dar mi conferencia. El anfiteatro estaba colmado, había científicos, profesores, eruditos y periodistas por todas partes.

En el centro del recinto sobresalía un culo de arcilla de buena magnitud, solicitado por mi para ilustrar un poco más mi disertación.

Me subí al culo y de inmediato la sala se silenció, esperando mis palabras.

- Estimados señores - dije - seré breve. No es necesario ahondar en palabras cuando la evidencia material de los hallazgos están a la vista de todas. Nuestros estudios nos dan la seguridad de confirmar que el origen de todas las culturas humanas, aún las más antiguas de las que se conocían hasta el momento, ya sea la babilónica, la fenicia, etc" tienen su raíz en una cultura mucho más antigua y superior: la de los Palanpaguas patagónicos.

"Oooohhhh" se escuchó solamente en todo el recinto.

- Amigos, como ustedes verán de inmediato, esta civilización a desarrollado todos sus conocimientos arquitectónicos, artísticos, religiosos y hasta como sociales y económicos, en un solo objeto de veneración y reverencia: el culo -

"Aaaaaahhhh" se escuchó una vez más.

- Así, protegidos por su inclaudicable culto al culo han sobrevivido durante milenios. Pero lo más importante de todo: han sentado las bases de toda la civilización humana, ¡Han descubierto el verdadero valor del culo! -

La multitud estaba sorprendida. Los tenía a todos en la palma de mi mano, cuando vi, en la multitud, a la cara del mismísimo Conrad Hartpkoff. Nunca lo había visto tan triste, me miraba fijo como suplicando hablarme. Pedí unos minutos de receso y me abalancé hacia él.

- Jack... - me dijo llorando.

- Conrad, ¡Qué hace usted aquí! ¡Qué pasa! -

- Lady Natasha... su culo... -

- ¡Qué! ¡Vamos Hartpkoff, hable! -

- No lo veremos más... es decir... nunca lo vimos, pero ya no tendremos la esperanza de volverlo a ver... Se ha marchado. Una mañana no la encontramos en su recámara, y desde ese entonces no la vimos más. Se fue, se esfumó. ¿Cómo vamos a vivir sin esa esperanza? No sé, Jack, creo que usted es mi única salvación, vengo por su ayuda. Estoy perdido, perdido. No sé como vivir sin la razón que moviliza al universo, sin la esperanza de ver alguna vez el culo de Lady Natasha Buttock.

 

Sentí que el mundo se derrumbaba. Todas esas gentes importantes hablando de mi descubrimiento no significaban nada. El pobre de Conrad pedía mi ayuda, sin entender que yo estaba aún más hundido que él. Mis pensamientos volaban, no podía hilvanarlos y todos ellos, como en una espiral, un remolino de agua, desembocaban en una misma cosa: el culo de Natasha.

Finalicé en ese mismo instante la conferencia y con Conrad del brazo huimos del recinto. Tomamos el primer barco a Buenos Aires y desde allí, de inmediato, salimos hacia Puerto Padryn. Buscamos vestigios allí de Lady Natasha, una enaguas, algunas bragas, lo que fuera que nos trajera al menos un indicio de que aquel culo había sido real, pero no encontramos nada.

Entre tantos culos, entre miles de culos hallados, obras de los palanpaguas de miles de años atrás, no podíamos encontrar siquiera unas medias que nos dieran la evidencia de que Lady Natasha había existido alguna vez, y menos aún de que su culo había sido real. Nada quedaba de ella, ni de él.

Abrumados por el fracaso, retornamos a la capital. Lo invité a pasar unos días en mi mansión, pero al tiempo tuvimos que internarlo en un manicomio. Hartpkoff sufría serias alucinaciones.

Desde ese entonces han pasado más de 40 años y nunca pude olvidar. Por las noches, un culo infinito me llama desde la lejanía. En la calle, todo es irremediablemente culo. Ahora puedo comprender a los palanpaguas. Quizá sea una maldición por haber profanado sus secretos, quizá no. Mi mundo se reduce a una sola cosa: redondeada y con un surco profundo que la atraviesa de lado a lado en el centro. Y ahora, que se acerca el final de mi existencia, una sola cosa me tranquiliza apenas: el hecho de saber que he dedicado toda mi vida a algo inalcanzable, pero que de las utopías los hombres sabios erigen las realidades. El hecho de saber que mejor que vivir por nada, que no pensar nada, que no actuar, es vivir, pensar y actuar solamente para el culo.

 

FIN

 


 

 

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